jueves, 3 de abril de 2014

LA VALLA DE MELILLA

Siento vergüenza e impotencia cada vez que veo la valla de Melilla. Vergüenza por los comportamientos de la policía española y la actitud del gobierno español ante un espectáculo tan dantesco; impotencia por la falta de soluciones al problema. Melilla es solo un lugar en la despreciable geografía del hambre que traza fronteras cruentas en las que los pobres desheredados de la Tierra mueren al intentar pasarlas. 

Me cabrea hasta lo inimaginable que gran parte de nuestros políticos concentren sus gritos vehementes en hablar de la valla, en poner medidas policiales que impidan el paso de los inmigrantes de Marruecos a España, cuando éste no es el verdadero problema. El problema se llama África. Se llama hambre, falta de futuro en un continente esquilmado, abandonado, asolado por las guerras civiles y las epidemias. Un continente donde la esperanza de vida está en los 40 años. 

Para estos miles de personas de origen subsahariano venir al Norte es tener futuro, y éste es un derecho que tenemos todas las personas en este mundo, hayamos nacido donde hayamos nacido. Emigrar no es un capricho - de eso los españoles sabemos mucho-. Si miles de subsaharianos se juegan la vida por llegar a Europa, lo hacen porque ni siquiera en sus países de origen se la pueden jugar. Sabemos muy bien que si tuvieran medios, no lo harían. Tampoco lo harían los miles de jóvenes españoles que se han visto obligados a abandonar nuestro país en busca de un futuro que aquí se les niega. Pero con una diferencia, nuestros jóvenes están formados y la gran mayoría de inmigrantes subsaharianos son analfabetos. Se reducen, por tanto, sus posibilidades.

Nuestra obligación, aquí y en cualquier parte del llamado mundo desarrollado, es comprometernos con estas personas para puedan vivir con dignidad en su propia tierra y tener un futuro. Tienen el mismo derecho que cualquiera de nosotros. Nuestro compromiso debe empezar por una actitud. No hablo de limosna. No todo es dar dinero. Se puede ayudar de muchas maneras. No olvidemos que cualquier español, por muy difícil que sea su situación económica actual, tiene muchísimos más recursos, casi diría infinitos, comparados con los que tienen los miles de subsaharianos que se juegan la vida al saltar una valla que les pueda dar paso al futuro. El problema no es la valla, sino África y la pobreza.