domingo, 21 de diciembre de 2014

DONDE ESTUVO FERNANDO DELGADO

Soy un lector intermitente de poesía. Por desgracia no sigo muy de cerca todo lo que se publica, aunque intento estar al día de algunos poetas, tanto en catalán como en castellano, y siempre  me gusta tener un poemario cerca para ir leyéndolo poco a poco, paladeándolo. Un poemario se debe leer poco a poco, disfrutándolo, estirándolo en el tiempo. Conmoviéndose y reflexionando. Una lectura de días, de semanas.  Lectura larga y sin fin.  Lo demás es pasar lo ojos por las letras, por las palabras sin ser nada.

Estas últimas semanas he sido voraz en lecturas poéticas, aunque la poesía no se puede devorar.  La voracidad que hablo es en términos de lectura constante y reflexiva, lo que ha anulado por unos días mi condición de lector intermitente de poemas. Ello se ha debido a uno de los poemarios más bellos que he leído en los últimos tiempos:  Donde estuve, de Fernando Delgado, publicado por la Fundación José Manuel Lara. Un poemario intenso y profundo que se deja devorar. Un canto a la libertad y a la vida. Una reflexión sobre el tiempo y la memoria, la vida y la muerte, sobre la pérdida, pero también sobre la esperanza.  

La memoria no es útil a los dioses,
tan ajenos al paso de los tiempos,
como si por ellos no pasaran los días,
pues no conocen la vejez,
que es lo que a mí me ocurre ahora,
cansado como estoy de mi propia divinidad.

Poemas descriptivos, largos e intensos en los que la poesía se muestra sin artificio, sin encorsetamientos. Poesía de la experiencia, retazos de biografía – todo escritura es autobiográfica- en una búsqueda del yo que se fue y que es, que tiene un efecto refractario en el lector. Poemas sensuales a los que ayuda la evocación del paisaje y de la música. Ni siquiera falta el  grito, la protesta, la denuncia ante la intolerancia y la falsedad, ante el abuso, la opresión o la eternidad:

¿Dura la eternidad hasta que llega,
implacable, el olvido?
Pues ni siquiera eso.
La vanidad del hombre lo lleva a construirse
las ciudades eternas.
Y hasta Dios se ríe de su propia eternidad
habiendo conocido a tantos dioses muertos.
Hubo dioses tenidos por eternos
de los que sólo queda,
más que el recuerdo de su gloria,
el miedo atroz de quienes les temieron.


Dividido en cuatro partes -Geografía íntima, Alas de sombra, Mal de ojos, No es muda la muerte-  y un epílogo, el resultado es un poemario tremendamente unitario con algunas figuras como solución de continuidad (los ojos, los pájaros, el mar), presentes en la poesía de Fernando Delgado y cargados de polisemia. Pero  en este poemario tenemos  sobre todo la palabra que, como dice en el poema que sirve de introducción,  “o es palabra de honor o no es nada”.


Publicado en 360gradospress. nº 283

LUIS LANDERO EN EL BALCÓN



Yo vengo de un tiempo en el que casi todo pasaba en el balcón. La casa del mis padres en la que transcurrió mi infancia tenía un balcón lleno de geranios que daba sobre la plaza de Sant Bult, en pleno corazón de la ciudad de Valencia. Desde allí, y sobre todo en verano cuando salíamos a tomar la fresca, veíamos pasar la vida protegidos por una persiana, porque las persianas siempre han protegido de alguna cosa más que del sol. Lo mismo hacían todos los vecinos en esa época sin aire acondicionado y en la que la realidad era de carne y hueso, no catódica. El balcón era una atalaya privilegiada desde la que se veía como fulano, que vivía al lado,  había prosperado o como a zutano la suerte le había abandonado. Me produce mucha tristeza pensar que la televisión ha sustituido en la observación vital a a los balcones y ventanas y como ésta se ha hecho tan zafia.

Al leer la última novela de Luis Landero, El balcón en invierno, he recordado el balcón de  mi infancia y de mis anhelos.  Por edad y contexto me ha sido fácil identificarme con lo que narra esta novela. Yo vengo de una familia trabajadora y  humilde muy similar a la de Luis Landero. Una familia urbana con hondas raíces rurales que perdió la guerra y en la que se nos instaba a hacernos personas de provecho como llave del ascenso social. Familias capaces de sacrificar lo indecible por sus hijos. Igual da el barrio de Prosperidad en Madrid con una familia de emigrantes extremeños en los años sesenta que otra de Poble Nou en Barcelona con emigrantes aragoneses o del barrio de Orriols en Valencia con manchegos,  incluso mi propia familia sin emigrantes pero de humildes urbanos. Las historias son universales. Me duele que cierto desarrollismo haya hecho desmemoriadas a muchas personas  con sus orígenes como si haber sido pobre fuese una vergüenza. El que se niega a sí mismo es capaz de terribles villanías.

Desde su balcón Luis Landero ha compuesto una de las novelas más bellas y profundas de los últimos años. Una novela autobiográfica que va más allá del viaje interior, del ajuste de cuentas con el padre para acabar haciéndole desde la comprensión un homenaje sentimental. Retrato del éxodo rural, de la época delos Planes del Desarrollo franquistas, pero desde la introspección y la emoción. Novela de memoria y sentimientos a flor de piel que se convierte en una profunda reflexión sobre la literatura y el hecho de escribir como fijación del recuerdo en negro sobre blanco.

El balcón en invierno, lejos del neorrealismo –los años sesenta sólo han aflorado así-, me ha evocado una poética, con perdón de los que no opinen lo mismo, muy próxima la  Mamma Roma de Pasolini o Los chicos de Marco Ferreri, y no sólo por la época, sino por la fuerza que encierra.  Landero con una tremenda sencillez abre emociones con cada palabra, con la enumeración como registro, y confiere al texto una bellísima musicalidad poética.  Instantáneas vitales de una gran potencia emocional. Son muchos los pasajes que destacaría al respecto,  pero si tuviera que quedarme con uno, elegiría el de la visita al hospital momentos antes de la muerte del padre y  su continuación con la promesa o propósito de futuro del hijo ante el féretro durante el velatorio.

He de confesar que hasta ahora no he sido un lector impenitente de Luis Landero. Me había gustado su primera novela,  Juegos de la edad tardía, aunque  Caballeros de fortuna me gustó menos. Tras un largo paréntesis volví con Retrato de un hombre inmaduro. Pero siempre vi  en su literatura una gran coherencia en la que no andaban muy lejos los clásicos.  El balcón en invierno me ha invitado a leer  toda su obra. El invierno es largo y necesito un balcón que me abra a la vida, porque como dice Landero al fin de esta novela, “en cada instante, en cada frase, en cada suspiro, en cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van en partes iguales. Eso es todo y no hay más que contar. Un grano de alegría, un mar de olvido”.

Publicado en 360gradospress. nº381


OLVIDADO ONETTI


Se cumplen veinte años de la muerte del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti. Una exposición en Madrid, algunos artículos publicados en prensa  y poco más es lo que está dando de sí este aniversario.  Triste, muy triste por la poca presencia y el poco interés despertado. Ni siquiera se ha hecho una edición conmemorativa de alguna de sus obras. Bien es cierto que  sus novelas más conocidas empezaron a ser reeditadas por Seix Barral allá por el 2000, apareciendo en bolsillo años más tarde, y de manera intermitente,  en Punto de Lectura; además, Galaxia Gutenberg  finalizó la edición de sus obras completas en 2009. Pero a nadie le amarga un dulce y menos un libro de Onetti.  Eso es lo que creo yo, que en esto de las creencias y preferencias literarias parece que voy a contracorriente. Con este aniversario y la reedición de alguno de sus títulos más emblemáticos  el autor de Cuando ya no importe   hubiera vuelto a la mesa de novedades de las librerías y más de un lector le  hubiera descubierto o releído.  Este es el deseo y la realidad editorial, de momento, es otra bien distinta.

Juan Carlos Onetti es una de las voces más personales de la narrativa latinoamericana. Periodista y escritor, empezó a publicar hacia 1931 y gran parte de su obra literaria más significativa  ya había aparecido antes  del famoso boom de la literatura hispanoamericana, aunque algunos títulos fueron coetáneos de Rayuela de Julio Cortázar y La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, punto de partida del boom según los estudiosos. No obstante, y esto también se dice con frecuencia, fue gracias a la insistencia de  Carmen Balcells, la agente de Onetti y de la mayoría de autores del boom, cuando la obra empezó a conocerse internacionalmente.  El Premio Cervantes le llegó en 1980.

Acercarse a Onetti es aproximarse  a una manera muy especial de entender la escritura, a un mundo alternativo de la ficción, como muy bien explicó Vargas Llosa en el ensayo que le dedicó al uruguayo. Heredero de William Faulkner y Joseph Conrad, el mundo de Onetti es un mundo lóbrego, asfixiante y cruel. Un mundo desesperante que se convierte en metáfora de la vida humana, lo que hace que sea considerado como el más existencialista de los escritores hispanoamericanos. En esa metáfora vital aparece una ciudad, una geografía imaginaria y visceral: Santa María. Una ciudad, comparable al faulkneriano condado de Yoknapatawpha, que se convierte en el escenario mítico, en el infierno asfixiante de gran parte de las novelas y cuentos de Onetti, pero sobre todo en el microcosmos imaginario urbano y moral en el que transcurren tres de sus más prestigiosas novelas : La vida breve, El astillero y Juntacadáveres.  En Santa María vive Larsen, el sórdido Juntacadáveres, sin duda uno de los personajes más inquietantes de la literatura hispanoamericana contemporánea. De  Santa María lo expulsan y a Santa María vuelve como en el eterno retorno.

La prosa de Onetti es de frases largas y densas, casi tan opresivas como los ambientes y psicologías que describen con  vocabulario muy concreto, muy conceptual, en el que nada es gratuito. Una poética propia en la que impera el dominio de la palabra, de las atmósferas y de los personajes. En sus novelas no hay concesiones. Su prosa es fuerte, recia, directa al estómago. Mensajes claros y certeros, con la adjetivación necesaria,  sin florilegios vacuos amables a la galería.


Onettti es uno de los grandes de la literatura universal; sin duda, el más duro y comprometido de los autores hispanoamericanos.  Hoy, en este mundo tan dado al amaneramiento literario, echamos en falta novelistas como él. Por eso me alegra y me entristece a la vez  la timidez del aniversario. Es como como las dos caras de una misma moneda. Tal vez una de las que lleva Larsen en el bolsillo por el viejo y destartalado astillero de Santa María. Pero más allá de sus conmemoraciones siempre queda Onetti, sus libros y sus cuentos.


Publicado en 360gradospress. nª281 Noviembre 2014

domingo, 2 de noviembre de 2014

LA REBELIÓN DE LOS LECTORES SUBVERSIVOS

Releyendo algunas páginas de Una historia de la lectura, de Alberto Manguel encuentro este párrafo: "Quienes están en el poder  impulsan la dicotomía artificial entre vida y lectura. Los regímenes populares exigen que olvidemos y, por consiguiente, estigmatizan los libros como lujo superfluo; los regímenes totalitarios quieren que no pensemos y, en consecuencia, prohíben y amenazan  y censuran; ambos en general, necesitan que nos hagamos estúpidos y que aceptemos nuestra degradación con docilidad, por lo que, lógicamente, alimentan el consumo de cosas insustanciales. En situaciones como ésas, los lectores son inevitablemente subversivos".

No hace falta irse a regímenes populares ni totalitarios, en algunas democracias como la nuestra ocurre lo mismo. Una sociedad que desprecia y estigmatiza el libro nunca será lectora y jamás verá el libro como un valor, sino como un gasto, como un lujo superfluo. Los integrantes de esta sociedad no lectora serán sumisos y valorarán las naderías.

¿Cómo será de adulto ese niño que escucha a sus padres protestar por el precio de los libros a la vez que alardean de haberle comprando las deportivas de la marca más cara? Desgraciadamente ese niño empezará a tener condicionada la percepción del libro de manera negativa. Salvo que se rebele, hará lo que ha visto hacer en su entorno familiar y en la sociedad donde crece. Confío en que se produzca la rebelión de los lectores subversivos.

viernes, 10 de octubre de 2014

PATRICK MODIANO, EL PREMIO NOBEL Y UN ANHELO

Soy de formación afrancesada hasta la médula, así que me interesa todo aquello que tenga relación con la cultura gabacha,  desde los poemas de François Villon al teatro de Molière, de los cuentos de Maupaussant  a Marcel Camus, pasando por la música de Claude Debussy, las aventuras de Fantômas, las canciones de Yves Montand, el cine de François Truffaut, la cassoulet de canard, la Veuve Clicquot, la mantequilla salada, Audrey Tautou  o el paroxismo de Brigitte Bardot (la de antes, por supuesto) susurrando con voz de haberse pasado con el borgoña peleón (que los hay) aquello de Harley Davidson. ¡Qué lástima de mujer! En fin, no hay cultura perfecta, et je suis aussi complètement imparfait.

Hace unos días se le concedió el Premio Nobel de Literatura a Patrick Modiano, un veterano que tiene en su haber todos los premios de las letras francesas habidos y por haber. A modo de felicitación y homenaje escribí en mi muro del facebook que la primera novela que leí de él fue Los bulevares periféricos,  pero ahora recuerdo que fue mi amiga Lucía Pérez-García Oliver al regalarme El rincón de los niños un par de años más tarde  quién hizo que me cautivara.

No sólo me alegra el premio a Modiano por el reconocimiento a su calidad literaria, por haber hecho de la búsqueda del yo y la reflexión histórica los ejes de su narrativa, por ambientar sus novelas en París,  sino también porque considero que el premio podría tener algo de reconocimiento colectivo, al menos es lo que me gustaría a mí y por eso lo escribo en este blog. Me gustaría imaginar que la Academia Sueca ha reconocido en el autor de Dora Bruder  a todo un grupo de estupendos y renovadores escritores franceses, no siempre leídos pero sí muy plagiados,  que empezaron a publicar a finales de los años setenta y fueron continuadores del camino iniciado por el nouveau roman con Alain Robbe-Grillet, Michel Butor, Margarite Duras o  Raymond Queneau  Me refiero a Modiano, por supuesto, pero también a Pascal Quignard, Pierre Michon  y a los declarados nouveau nouveau roman como Jean Echenoz y Jean-Philippe Toussaint. En estos tiempos de abundantes novelas infumables y (a)premiadas pocas veces se reconoce que hay otra manera de narrar, otras historias que contar. Por eso me alegra la concesión de este Premio Nobel de Literatura. Vaya que sí.

jueves, 17 de julio de 2014

LIBROS EN LA CARNICERÍA



Hay noticias que hacen que creamos firmemente que la utopía es posible. Este verano la kultur etxea de Turtzioz, en Vizcaya, está llevando a cabo una peculiar campaña de animación a la lectura. Dicha casa de la cultura ha depositado diversas cajas con libros en el ayuntamiento, la carnicería, el ambulatorio, la piscina municipal, el hotel rural y algunos bares, convirtiendo estos lugares en bibliotecas estivales. De esta forma, ya que vas a la carnicería a comprar chuletas, ves los libros que tienen y te llevas en préstamo el que te apetece leer. Después, una vez leído, sólo tienes que depositarlo en la caja de donde lo tomaste. La iniciativa no es nueva. Se conocen experiencias similares en otras localidades vascas, así como en Brasil y otros países. 

En el País Vasco se desarrolla un plan de fomento y animación a la lectura, en el que junto a los objetivos obvios como la mejora de las competencias de lectura y escritura de las ciudadanas y ciudadanos, la mejora del índice de lectura, la prioridad educativa y cultural de esta actividad, se encuentra la mejora de las posibilidades de acceso al libro de la sociedad vasca. Sobran comentarios y apostillas derivadas las comparaciones con otras localidades y comunidades para evitar irritarnos.


domingo, 6 de julio de 2014

OCHO APELLIDOS VASCOS

Finalmente he visto la película española más taquillera, la que ha llenado las salas cinematográficas en los últimos meses y la que ha hecho reír a millones de personas en este país. Confieso que la película tiene una espléndida factura, algo habitual en las películas de Emilio Martínez Lázaro; unos actores muy solventes y que resuelven muy bien sus personajes, en especial Dani Rovira; un guión de  Borja Cobeaga y Diego San José que hace comedia de los grandes problemas sociopolíticos de este país, sin duda su mejor acierto. Pero... Pero debo ser marciano:  no me ha gustado ni me he reído. Está claro que soy de otro planeta al no seguir las preferencias de la mayoría de ciudadanos que la han visto. Me pasa a menudo. No quiero hacer una lectura moral ni sociocultural ni mucho menos generacional de la película. Tampoco la  voy a comparar con otros éxitos populares del cine español de hace cincuenta años, como he escuchado a más de uno. Sólo quiero hacer un par de  reflexiones/opiniones muy personales sin entrar en otras disquisiciones, que las hay y muchas. Me centro en la película.

Ocho apellidos vascos es ante todo una comedia muy inferior a otras comedias de Martínez Lázaro como Amo tu cama rica o Al otro lado de la cama, que sigue la estela de los éxitos europeos de Bienvenidos al Sur y Bienvenidos al Norte. Las intenciones de partida son buenas, pero las resoluciones se quedan a mitad camino. Los guionistas han hecho un esfuerzo, conocen la carpintería del guión y del género, pero no consiguen concluir con brillantez. Es como si se tuviera muy clara la teoría, se hubieran analizado cientos de comedias clásicas -algo loable-, pero no se hubiera sabido resolver esta historia de chico andaluz conoce chica vasca en la que pesa más la confrontación cultural entre vascos y andaluces que la historia romántica, auténtico motor de la narración. Todo está enconsertado y es previsible, a pesar de los constantes conejos que los guionistas se sacan de la chistera para que avance la narración, algo totalmente legítimo. En mi modesta opinión esta historia hubiera dado muchísimo más juego en una sitcom televisiva. Creo que aquí pesa la gran solvencia televisiva de los guionistas, Los diálogos se basan en la réplica fácil basado en los tópicos. El género y la intención son así, ya lo sé, pero falta ingenio. El diálogo chistoso con referencias a la actualidad y a las diferencias culturales hace que se olvide el gag visual, y no debemos olvidar que estamos en una película. La historia de amor habría dado mucho de sí, ganando los local a lo universal.  ¡Qué diferencia con Los padres de ella y similares con Ben Stiller, por poner un ejemplo popular y taquillero! Y que conste que tampoco me gusta ese humor.

Me alegro mucho del éxito de Ocho apellidos vascos . Deberíamos tener muchas películas españolas capaces de llenar las salas cinematográficas como lo ha hecho esta producción, lo que no exime para que dé mi opinión personal como espectador. Dejo el contenido para otra ocasión.

miércoles, 28 de mayo de 2014

¿Y AHORA QUÉ?

Han pasado las elecciones y se multiplican las incógnitas. Mientras se ha configurado un Parlamento Europeo en el que mayoritariamente no se cree en Europa,  en nuestro país ha caído el bipartidismo y se asiste al auge de los partidos minoritarios.  Independientemente de las lecturas que cada uno se haga, dos cuestiones son obvias: la preocupante situación europea dominada por la extrema derecha y el giro a la izquierda de la población española. Tras los resultados electorales hay que ponerse a trabajar ya. Las elecciones generales, municipales y autonómicas están a la vuelta de la esquina y todo indica que se han acabado, por fin, las mayorías absolutas. Si se cumplen las previsiones, dentro de un año y medio gobernará la izquierda en nuestro país. No hay tiempo que perder. Es momento de reflexión, de diálogo,  de iniciativas y de pactos. Un partido ya no puede pensar solo en su aparato. Urgentemente debe dar respuestas a lo que demanda la sociedad y debe entenderse con otras formaciones que luchan por lo mismo. En nuestro país los partidos de izquierda están condenados a entenderse, si quieren realmente que haya un cambio. Pero no olvidemos el peligro: a pesar estar hundido el PP, la fragmentación de la izquierda, si no hay pactos, podría conducir a los populares a La Moncloa una vez más y con poquísimos votos. Si no queremos que esto ocurra, los partidos de izquierda deben reflexionar sobre sí mismos sin dilación. Tienen que trazar una hoja de ruta y entenderse entre ellos, pero siempre pensando que son opción de gobierno. Hay que dejarse ya de cómodas posturas de oposición, olvidar milongas y pensar en gobernar. No olvidemos a lo que ha conducido la abstención y el discurso populista en Francia. 

domingo, 18 de mayo de 2014

EL SURIMI Y LA LANGOSTA NO SON LO MISMO

La mujer loca, la última novela de Juan José Millás, sin convertirse en un éxito de ventas arrollador conserva, desde hace unas cuantas semanas, una posición privilegiada en las listas de los libros más vendidos en nuestro país, y eso que todavía no ha llegado la Feria del Libro de Madrid, donde se le augura el mismo éxito que en las recientes ediciones de la  Fira del Llibre de València y el Sant Jordi de Barcelona.

Me sorprende para bien, aunque Millás tiene sus lectores incondicionales, que una novela tan particular como ésta esté por encima de los best-sellers al uso y las incursiones literarias de los presentadores de televisión metidos a escritores o con nombre alquilado a sellos editoriales, que a fin de cuentas es lo mismo. La mujer loca es un interesante juego sobre los límites de la realidad y la ficción. Una exploración sobre el género narrativo lleno de agudeza e ingenio. Una reflexión sobre el yo y su desdoblamiento, del juego filológico y de los campos semánticos. En definitiva, el clásico ser y parecer  sobre el que fundamos nuestra existencia. Por ello me congratula que un gran número de lectores de este país prefiera una novela como ésta, tan compleja,  irónica y exquisitamente escrita.

Me gusta Millás. Me gusta La mujer loca, aunque esté cansado de tanta metaliteratura autoreferenciable.  Es como si de un tiempo a esta parte la galaxia libresca hispana estuviera azotada por la maldición de Moctezuma en versión plagio de Enrique Vila-Matas. No lo digo por Millás, porque en esta novela es fiel a su marca de la casa, sino por la gran cantidad de metavilamatianos y ultramillasistas de baja estofa  que nos rodea. Algunos críticos literarios con anteojeras parecen no querer enterarse de que el surimi y la langosta no son lo mismo. ¡Qué pesados con la transgresión de los esquemas de la novela clásica! Afortunadamente ni Galdós, ni Dickens, ni Zola ni Tolstoi están superados. Pensar lo contrario es una soberana estupidez. En literatura caben muchos mundos y todos son válidos, si son buenos. Digo.

jueves, 15 de mayo de 2014

TOMAR POSICIÓN



Estos días he leído una serie de artículos relacionados con la Generación del 14, cosas de los centenarios. Dicha generación se movió en un contexto histórico que podría guardar ciertas similitudes con el actual, no lo niego, pero hasta ahora, al menos que yo sepa y en nuestro país,  no ha aparecido ningún Ortega y Gasset capaz de aplicar sus conocimientos filosóficos a la búsqueda de soluciones. La corrupción todo lo impregna, los políticos están desprestigiados, la falta de recursos, la pobreza, el desconcierto, el desánimo y el pesimismo de la población campan a sus anchas, mientras las actitudes populistas, xenófobas y fascistas proliferan. ¿Dónde están los intelectuales? ¿Dónde está el debate intelectual en la sociedad? ¿Dónde está la sociedad civil? ¿Dónde está el compromiso para cambiar las cosas? Voceros no faltan en los medios de comunicación y en las redes sociales, pero faltan los intelectuales. El concepto orteguiano del hombre masa está vigente y tardará en superarse.

Extraigo un párrafo de Cuando las imágenes toman posición, de George Didi-Huberman. Al referirse a Bertolt Brecht, otro intelectual del periodo de entreguerras, dice que "nunca trabajaba sin tomar posición, nunca tomaba posición sin buscar saber, nunca buscaba saber sin tener ante sus ojos los documentos que le parecían apropiados. Pero no veía nada sin deconstruir y luego remontar por su propia cuenta, para exponerlo mejor". La toma de posición como epistemología. Aquí lo dejo.

jueves, 3 de abril de 2014

LA VALLA DE MELILLA

Siento vergüenza e impotencia cada vez que veo la valla de Melilla. Vergüenza por los comportamientos de la policía española y la actitud del gobierno español ante un espectáculo tan dantesco; impotencia por la falta de soluciones al problema. Melilla es solo un lugar en la despreciable geografía del hambre que traza fronteras cruentas en las que los pobres desheredados de la Tierra mueren al intentar pasarlas. 

Me cabrea hasta lo inimaginable que gran parte de nuestros políticos concentren sus gritos vehementes en hablar de la valla, en poner medidas policiales que impidan el paso de los inmigrantes de Marruecos a España, cuando éste no es el verdadero problema. El problema se llama África. Se llama hambre, falta de futuro en un continente esquilmado, abandonado, asolado por las guerras civiles y las epidemias. Un continente donde la esperanza de vida está en los 40 años. 

Para estos miles de personas de origen subsahariano venir al Norte es tener futuro, y éste es un derecho que tenemos todas las personas en este mundo, hayamos nacido donde hayamos nacido. Emigrar no es un capricho - de eso los españoles sabemos mucho-. Si miles de subsaharianos se juegan la vida por llegar a Europa, lo hacen porque ni siquiera en sus países de origen se la pueden jugar. Sabemos muy bien que si tuvieran medios, no lo harían. Tampoco lo harían los miles de jóvenes españoles que se han visto obligados a abandonar nuestro país en busca de un futuro que aquí se les niega. Pero con una diferencia, nuestros jóvenes están formados y la gran mayoría de inmigrantes subsaharianos son analfabetos. Se reducen, por tanto, sus posibilidades.

Nuestra obligación, aquí y en cualquier parte del llamado mundo desarrollado, es comprometernos con estas personas para puedan vivir con dignidad en su propia tierra y tener un futuro. Tienen el mismo derecho que cualquiera de nosotros. Nuestro compromiso debe empezar por una actitud. No hablo de limosna. No todo es dar dinero. Se puede ayudar de muchas maneras. No olvidemos que cualquier español, por muy difícil que sea su situación económica actual, tiene muchísimos más recursos, casi diría infinitos, comparados con los que tienen los miles de subsaharianos que se juegan la vida al saltar una valla que les pueda dar paso al futuro. El problema no es la valla, sino África y la pobreza.

domingo, 2 de febrero de 2014

CAMINO DE UN GENOCIDIO EN TODA REGLA

Según los resultados de una encuesta del INE sobre la mortalidad en España, elaborada a partir de los registros civiles y de lo que ponen los médicos en los certificados de defunción, entre 2002 y 2010 el número de defunciones se mantuvo  en  380.000 por año. En ese mismo período la población pasó de 41,8 a 47 millones de habitantes -eran los años dorados de la inmigración-, y la mortalidad pasó de 892 por 100.000 habitantes en 2002 a 829 en 2010. Se crecía en población y se bajaba en defunciones, en gran parte debido a las mejoras que se habían producido en la atención sanitaria y que habían roto la asociación edad y muerte. La población estaba mejor asistida y lógicamente vivía más. Sin embargo, hace tres años empezó a romperse la tendencia al subir las defunciones: 841 por 100.000 habitantes en 2011 y  862 en 2012, superándose las 400.000 muertes ese año. En sólo dos años las defunciones aumentaron en un 5,5% sin que hubiera  habido una epidemia, una gripe terrible, una ola de calor que hiciera caer como moscas a los ancianos, una guerra u otra causa exterior que lo pudiera explicar. Desgraciadamente parece que  la tendencia no se va a invertir en los próximos años. Es evidente el creciente y paulatino envejecimiento de la población española, y desde el comienzo de la crisis económica la pirámide de población ha empezado a cambiar por la salida de extranjeros, jóvenes en su mayoría que solían tener hijos. A estos extranjeros debemos sumar los miles de jóvenes españoles que se han visto obligados a emigrar en busca de un futuro mejor. Obviamente, España ya es un país para viejos con grandes y graves recortes sanitarios y asistenciales que harán muy difícil que siga aumentando la esperanza de vida, como venía sucediendo hasta 2010. Ya se escucha alguna voz que habla de los efectos de la crisis y de los recortes sanitarios en la población, sobre todo en la prevención y tratamiento de enfermedades pulmonares, cardiovasculares y tumorales. A ello debemos sumar el incremento de los trastornos depresivos por la crisis económica y los suicidios -estos últimos han aumentado un 11% en un año-, la caída de los salarios, el paro, el recorte de las prestaciones, el deterioro de la dieta, que dado el empobrecimiento hace que una gran parte de la población coma peor, aumente el consumo de grasas industriales y, como consecuencia, se dispare el riesgo de infarto. Además, quedan por evaluar los efectos de la pobreza energética, que los hay y muchos. Visto lo expuesto, el panorama que se le pinta a España en un futuro inmediato es dantesco. Todo apunta a que la crisis económica y las políticas de recortes matarán a gran parte de la población. ¿El liberalismo salvaje no se da cuenta de ello? ¿Nadie es responsable de este genocidio en toda regla? El genocidio -Wikipedia dixit- es un delito internacional que comprende cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal; estos actos comprenden la matanza y lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo, sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial, medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo, traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo. A los genocidios de Ruanda, Argentina, Polonia, Armenia, Guatemala o al Holocausto sumaremos el español con el mortífero efecto de la crisis económica y la política de recortes. No es demagogia, es pragmatismo. La perversidad del ser humano parece no tener límites.

domingo, 26 de enero de 2014

ANALFABETISMO CONSTITUCIONAL

Hace unos días asistí en la Llibreria La Moixeranga, en Paiporta, a la presentación de la novela de Víctor J. Maicas Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad, recientemente publicada por VdeB. La novela está ambientada durante los meses de mayo y junio de 2011 y hace una llamada a la reflexión sobre la situación  social y política que vivimos en nuestro país. Tras la presentación se estableció un animado debate entre los asistentes.  Se habló de la crisis, la corrupción y el compromiso de los ciudadanos. Yo insté a que tomáramos conciencia y nos comportásemos como ciudadanos responsables. Sin ánimo de ser capcioso pregunté a las personas que me acompañaban  si habían leído la Constitución. Ni uno solo afirmó haberla leído. Desgraciadamente no me sorprendí. 

Somos capaces de discutir apasionadamente sobre nuestro país y desconocemos el significado y el alcance de nuestra Carta Magna, lo que nos aboca a permitir que se vulnere diaria y constantemente. El "hombre masa" de Ortega y Gasset campa a sus anchas. Si todos los  ciudadanos conocieran la Constitución y fueran conscientes de lo que allí se recoge, otro gallo le cantaría al gobierno, a la monarquía, a la Iglesia católica  o al poder judicial, y sólo por poner unos ejemplos. No es que la Constitución de 1978 sea la panacea de todo, pero es el marco en el que nos movemos. Sólo con respetarla nos evitaríamos escuchar las tonterías que largan algunos políticos  y contertulios camorristas en aras de una inconstitucionalidad sin ni siquiera saber cual es el marco de la constitucionalidad. 

Animo a leer la Constitución y a ser ciudadanos comprometidos en el respeto de nuestros derechos y libertades. Tenemos un marco constitucional suficiente para no consentir a Perico de los Palotes, por muy salido de las urnas que sea, que se pase por el forro todo lo que le dé la gana.  Lo digo en un sentido amplio y figurado para todos los poderes de este país. Qué ningún analfabeto constitucional me confunda y crea que lo digo por Artur Mas. Si el que piensa esto conociera la constitución, sabría que hasta ahora el señor Mas no se ha salido ni un milímetro del marco constitucional vigente. La asignatura de Educación para la Ciudadanía,  que se aprestó a suprimir el PP, hablaba de eso: de conocer nuestros derechos y libertades,  y no de como utilizar lo que tenemos entre las piernas, al menos de la manera obscena y enfermiza que pueden llegar a imaginar las mentes turbias de quiénes instaron a eliminarla. Nadie, por mucho que se lo crea,  está más allá del bien y del mal moral. Nadie.

domingo, 12 de enero de 2014

LA SOCIEDAD DEL ANSIOLÍTICO

Empezamos el año con múltiples frentes. Al caso Gürtel, al caso Blesa y los ERE de Andalucía -solo por citar unos cuantos- se han sumado la imputación de la Infanta, el futuro de la Monarquía con un rey decrépito, la polémica ley Gallardón sobre el aborto, el independentismo catalán y el caso vasco con motivo de la excarcelación de los presos de ETA tras la anulación de la doctrina Parot. ¡Qué poco se habla ya de los desahucios, del paro, de los jóvenes que emigran, de la pobreza en la viven miles de familias, de los recortes! Es como si nos hubiéramos acostumbrado a todo esto porque nos ha hecho efecto el sedante.

Vivimos en una sociedad del espectáculo, en cuyo circo mediático se escucha de todo, pero sobre todo a voceros que pontifican con estupideces varias. Declaraciones estúpidas que crean alarma social con finalidad partidista para posicionar al votante en las  próximas elecciones, aunque parece que esta estrategia no le está siendo muy favorable al PP en cuando a su intención de arrimar el voto a su sardina. ¡Viva el entretenimiento! Nos hemos acostumbrado al guirigay, al insulto catódico, a la opinión sin tener pajotera idea. La necedad campa a sus anchas, y no la Campanario. Las formas del gallinero televisivo de la prensa rosa han saltado a la información política. Se utiliza la misma  vehemencia para hablar de Jesulín de Ubrique que de la doctrina Parot, por ejemplo. A veces hasta conviven en un mismo escenario. Paradojas o que, con perdón, se la suda al respetable.  

¿Por qué nadie habla del triunfo del Estado de Derecho? ¿Por qué nadie habla de la vulneración  de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Por qué nadie habla del derecho de los pueblos a decidir sobre su propio futuro? ¿Por qué nadie habla de Democracia? ¿Por qué nadie habla de ciudadanía? Tal vez porque nadie se preocupa en analizar, en informarse e informar, en reflexionar, en explicarse y explicar. Nos da más gusto la emoción descontrolada por encima todo y de todos. Preferimos ser adictos al Diazepán para quitarnos la ansiedad que actuar para resolver el problema. Vivimos el triunfo del ansiolítico en la sociedad del espectáculo para no pensar y que lo arregle el tiempo como sea, aunque nos muramos. Falacias de esclerótico en aras de la pasividad. Hemos creado y vivimos en la "sociedad del ansiolítico". Acuño el término, pero abogo e insto ser ciudadanos. Por favor.