domingo, 23 de junio de 2013

LIBROS, MERCADO E HIPOCRESÍA

 
El pasado 2 de junio, desde su columna de opinión  de El País, Almudena Grandes criticaba a los famosos de la televisión que,  de un tiempo a esta parte, vienen encabezando las listas de los libros más vendidos. La autora de El corazón helado instaba a los lectores a no dejarse seducir por tales personajes a la hora de elegir un título en la Feria del Libro de Madrid, que se inauguraba por aquellos días,  y les aconsejaba optar por la literatura, por autores que se jugaban la vida en lo que escriben, según sus propias palabras. Las reacciones a tales opiniones no se hicieron esperar. Los nuevos autores televisivos arremetieron contra la escritora desde sus respectivos programas y redes sociales; después vinieron los corifeos de ambas partes, que haberlos haylos.
 
Me ha sorprendido que Almudena Grandes cargase así contra estos autores superventas, conociendo como debe de conocer el negocio editorial y sus estrategias de mercado. La ortodoxia es peligrosa, más cuando se arrojan piedras alardeando de estar limpio de pecado. Cuando una autora de éxito como ella lanza diatribas de este calibre sobre acciones de marketing editorial,  esto del purismo literario  y los autores que se  juegan la vida suena un poco farisaico.  Puedo entender en parte las razones de Almudena Grandes, pero las comparaciones son peligrosas  porque puedes acabar siendo objeto comparado y  una víctima del efecto bumerán. 
 
Los autores, las editoriales y los libreros quieren vender. Ya lo tienen muy difícil con el descenso de consumo, el IVA, las leyes de Wert y la piratería. Si no vendiesen, no podrían mantener sus empresas y el libro moriría. Un libro de éxito eleva las ventas, hace nuevos lectores y permite  lanzar  otros títulos con menos rentabilidad. No entro en la calidad literaria de Jorge Javier Vázquez, Máxim Huerta, Frank Cuesta o Mercedes Milá, pero ellos han sido los motores de venta en la Feria del Libro de Madrid 2013, igual que lo fue el 2012 la propia Almudena Grandes con El lector de Julio Verne, el libro más vendido durante aquella edición. 
 

Más allá de la inconveniencia de la opinión origen de la polémica, de su sectarismo o no, o de la demagogia que se desprende de las declaraciones de los personajes televisivos, la cosa tiene más alcance y no está alejada, lo digo sin ambages,  de la lucha de clases: cultos frente a incultos; ricos frente a pobres; élites frente a subalternos; progresistas frente a reaccionarios...  Todo ello nos lleva a reflexionar sobre la cultura, sobre productores y consumidores de cultura, sobre el concepto burgués de cultura, sobre la cultura de masas ¿Qué es ser culto en  un mundo de suplementos culturales como el de hoy?  ¿Qué diferencia hay entre un suplemento cultural y el folleto de las ofertas de pescadería de una cadena de supermercados? ¿Por qué debemos leer a este o aquel autor que publica en aquella editorial y se le niega el pan y el agua a este otro de una minúscula editorial que no puede ser promocionado en un suplemento cultural? Como indica el editor Constantino Bértolo en una más que recomendable entrevista publicada en la revista Diario Kafka, "la transformación de los suplementos culturales en "revistas del corazón cultura" es uno de esos fenómenos mediante las cuales se está reflejado la reconversión de la cultura en espectáculo, en manual del buen consumidor, Hoy ser culto al fin y al cabo es eso: saber qué es lo que hay que consumir en cada momento u ocasión: qué leer, qué comprar, qué sentir, qué gusto tener". Este año toca este libro y este disco, y que les den al resto. Si encima es un libro en catalán, euskera o gallego el que tiene que vérselas con un libro en castellano de una editorial importante, peor que peor.  Guy Debord y su sociedad del espectáculo siguen siendo actualidad.

 
 

 
 

domingo, 16 de junio de 2013

DOROTHY PARKER Y EL OLVIDO SEXISTA

Leo en un magazine un artículo sobre escritoras que colaboraron con prestigiosas revistas de moda. El artículo no está mal, aunque el editor o la editora le ha encasquetado un morrocotudo título sexista : Talentos literarios en femenino: de las revistas a los libros. Y se ha quedado tan a gusto.

 Entre las autoras citadas aparece Dorothy Parker. Un día después vuelvo a encontrarme con el nombre de la escritora norteamericana en la reseña de un poemario suyo que se acaba de publicar en castellano. La mención también es escueta y en ningún momento se habla de su compromiso político ni de su relación con España. Se citan su incisivo humor, sus cuentos y la famosa tertulia que presidía en el hotel Algonquin de Nueva York, y se obvian su paso por España en 1937, en plena Guerra Civil,  y su vinvulación al bando republicano. Una experiencia vital  que le marcó de por vida y que, como ella misma comentó ácidamente, le "quitó el sentido del humor".  La Guerra Civil Española le hizo abandonar la crítica de la vida frívola de Nueva York para hablar insistentemente de la desigualdad social, algo que molestó a sus editores.

En aquel viaje visitó Valencia, y en esta ciudad ambientó algunos de sus cuentos , entre ellos el memorable Soldados de la República. Estoy seguro que pasó por el Ideal Room, donde se tomó alguna que otra copa de aguardiente con su amiga la escritora y guionista Lillian Hellman, también en Valencia por la misma causa, tal y como cuenta esta última en sus memorias. En aquellos años de guerra todo el mundo se citaba en el Café Ideal Room.

Se habla mucho de intelectuales extranjeros que escribieron sobre la Guerra Civil, como George Orwell, John Dos Passos o Ernest Hemingway, incluso a más de uno se le divinifica,  pero se guarda un silencio de tumba sobre las escritoras que hicieron exactamente lo mismo, como Dorothy Parker, Lillian Hellman o la misma Virginia Woolf. Incido en los  archisabidos olvidos ideológico y sexista, que tanto monta monta tanto,  y me rebelo contra ellos. En estas escritoras hay una parte importante de nuestra memoria que es necesario y urgente rescatar.  Leedlas. Hablad de ellas. Así lucharemos contra el silencio sin memoria.