jueves, 24 de mayo de 2012

LA ESCUELA, INTERNET Y OTRAS ZARANDAJAS QUE TAMBIÉN SE ESFUMAN CON LA TIJERA

La formación on-line es más que una realidad. Hace años que apareció, pero de un tiempo a esta parte ha tomado un auge significativo con el desarrollo de las plataformas e-learning, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y las redes sociales. Basta con encender el ordenador y entrar en la red para tener acceso a una fabulosa oferta formativa, desde cursos de idiomas a cursos de cocina pasando por el marketing, el crecimiento personal, el bricolaje, la jardinería, el punto de cruz, la Sindonología o la pintura miniada del beato de Liébana. Cursos virtuales de todo pelaje y condición. Si un contenido no existe en la red, os puedo asegurar que no existe en el planeta Tierra, que es lo mismo que decir que no campa en el ciberinfinito de Johnny Neumonic.

Puede que alguno me tache de exagerado al leer estas líneas, pero no lo soy en absoluto. Los recursos formativos que tiene la red son tantos que dejaría boquiabierto al mismísimo Georg Cantor en el momento de formular su teoría de los conjuntos y los distintos órdenes de infinito. Y aquí va un ejemplo propio. En una de esas épocas de incredulidad internetiana que todos hemos tenido alguna vez, quise demostrarle a un amigo que la red estaba limitada y le insté a comprobar que no se podía estudiar algo tan peregrino como el stabat mater. Ya veis, todo un alarde de pedantería por mi parte. Como era de esperar, salí escaldado. Tras escucharme, mi amigo dibujó una sonrisa de ahora te vas a enterar tonto del haba, tecleó las dos palabras latinas y le dio al enter. Y vaya si me enteré. Fui, aún lo soy, tonto del haba, de capirote, de Coria, de narices y hasta el tonto más tonto de todos los tontos, el tonto supino. Junto a los centenares de referencias al stabat mater aparecieron varias páginas en las que cualquier interesado podía estudiar las más de 200 versiones musicales que existen de esta plegaria medieval. Os aseguro que me quedé tristis et afflicta, iuxta crucem lacrimosa, como reza el texto latino, o de pasta de boniato que viene a ser lo mismo en lengua romance. La red me había propinado dos señoras hostias ciberespaciales por pedante y engreído. Desde entonces soy un modesto internauta que no duda de nada. Un crédulo sempiterno ante la magnanimidad universal de la red. Sin embargo, como le ocurre a todo hijo de vecino, la pedantería me sigue aflorando de vez en cuando. Así somos de ruines los seres humanos. Qué le vamos a hacer.

El escarmiento del stabat mater es un buen ejemplo para comprobar la gran variedad de contenidos que Internet ofrece al usuario, y en particular a los profesores de Primaria y Secundaria. Bien utilizados, estos contenidos pueden convertir al aula en un mundo sin fronteras. Pero queda mucho por hacer. Aunque algunos profesores los han incorporado a sus métodos de enseñanza, en realidad son experiencias puntuales que se deben más al entusiasmo del docente que a una estrategia educativa nacional.

Desde las Administraciones Públicas se han dado algunos pasos como el programa Escuela 2.0, lanzado en el 2009 y destinado a la digitalización de aulas. Pero como casi siempre sucede, se ha empezado a construir la casa por el tejado ¿Para qué dotamos a las escuelas de pizarras digitales, ordenadores o tabletas si no generamos contenidos?

Pero aún hay más. Como ha manifestado en varias ocasiones José Moyano, presidente de la Asociación Nacional de de Editores de Libros de Texto y Material de Enseñanza, sostener un aula 2.0 es muy difícil en nuestro país dado a que existen 17 modelos educativos. Para avanzar hay que racionalizar el sistema educativo, aprovechar los nuevos medios, aprovechar las posibilidades de la red, generar contenidos, dotar de infraestructuras e ilusionar a los docentes. Pero corren pésimos tiempos para ello. Desgraciadamente los recortes presupuestarios mermarán las posibilidades de incorporar las herramientas digitales en la enseñanza pública. Una consecuencia más de los tijeretazos cuando en educación no existe el gasto, sino la inversión. Hay que interpretarlo así, como una inversión de futuro. Y quién no lo vea de esta manera tiene menos miras que un tonto del haba, aunque ya sabéis que en este mundo real el número de tontos es tan infinito como el de recursos en el ciberespacio. He puesto sólo un ejemplo de lo que pasará en la escuela. Un ejemplo de los muchos desastres que se avecinan, y que conste que no voy de milenarista. Una vez más llegaremos tarde y, como en la plegaria medieval, la enseñanza pública se va a quedar más que dolorosa al pie de la tijera.

Publicado el 23/05/2012 en 360gradospress.com













sábado, 12 de mayo de 2012

PROHIBIR LA LECTURA

Acaba de finalizar la 43 edición de la Fira del Llibre de València con unos buenísimos datos. Las ventas se han incrementado un 15% en relación al año anterior, lo que ha supuesto un volumen superior a 800.000 euros. Un éxito tremendamente halagüeño, sobretodo si consideramos los nefastos tiempos que corren.

A pesar del incremento de las ventas, los valencianos leemos muy poco. Datos mandan. Según la encuesta de hábitos de lectura de los españoles 2011, realizada por la Federación de Gremios de Editores de España, sólo el 56’5% de los valencianos mayores de 14 años lee en su tiempo libre, un porcentaje que está un punto y medio por debajo de la media nacional (57’9%) y casi catorce puntos por debajo de la Comunidad de Madrid (70,2%), la comunidad autónoma con más lectores. El número de libros leídos es para tirarse de los pelos: 10’3 libros al año por lector español. 
 
Si no se lee un libro al mes, menos se compra un libro cada cuatro semanas. Ya me contareis si con estos promedios anuales se puede mantener el sector del libro. Ya sé que están los datos de la feria del libro. Pero una buena feria le soluciona un mes al librero, no un año.

Debemos cambiar esta actitud ante el libro. La lectura es fundamental para la instrucción y la educación. Es importante para la autonomía cognitiva. Es una herramienta básica para el desarrollo de la personalidad y un instrumento fundamental de capacitación. Sin lectura no se crean hábitos de reflexión ni de análisis. Urgen, por tanto, campañas de animación lectora, ayudas a la edición, ayudas a las bibliotecas, ayudas a las librerías, a la escritura, a las escuelas... En definitiva, urge acercar el libro a la sociedad. Sólo así estaremos más preparados y seremos más competitivos en este mercado de la vida en el que nos toca trapichear cada día.

Corren malos tiempos para tales urgencias, soy consciente. Son tiempos en los que se salva a la banca con los recortes presupuestarios en sanidad y educación. Una vergüenza ¿Para qué sirven las leyes del libro y la lectura? ¿Para qué sirve declarar a la lectura como un bien cultural fundamental que hay preservar y promover? ¿Para qué sirve hablar del libro como bien económico? Los recortes presupuestarios actuales son de tal magnitud que asesinan impunemente a autores, ilustradores, editores y libreros. Pero hay una forma de evitar esta masacre actuando con rapidez y economia de medios. Se debe prohibir la lectura. Así lo dijo la escritora y académica de la lengua Carme Riera a su paso por la Fira del Llibre de València. Una boutade políticamente incorrecta, como toda las boutades, que llama a la reflexión. Si se prohibiese la lectura, aumentaría la lectura entre la población porque nos sentiríamos atraídos por lo prohibido. Tendriamos espectaculares descargas de adrenalina leyendo a escondidas. Entraríamos incesantemente en las trastiendas de los comercios para adquirir ejemplares. Los impresores trabajarían sin descanso en subterráneos infectos para poder abastecer a una población hambrienta de lectura clandestina. Iríamos a los cementerios de los libros olvidados de Carlos Ruiz Zafón para conseguir obras que memorizar como en la novela de Ray Bradbury Fahrenheit 451. Hago mías las palabras de Carme Riera e insto a que se prohíba la lectura. Sería una espléndida medida: al gobierno le saldría barata y se activaría un sector económico; nosotros seríamos menos manipulables leyendo en el abismo. Tal vez así, desde la clandestinidad, nos organizaríamos para no dejarnos pisotear. Lástima que sólo sea una boutade. Digo.

Publicado en 360gradospress



lunes, 7 de mayo de 2012

LOS NUEVOS OLIVER TWIST

El pasado día 20 de abril el Consejo de Ministros aprobó una subida de las tasas universitarias que podría suponer un incremento de los costes por cada curso de estudios superiores de hasta el 50%. Se justificó alegando medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo. Pasando a cifras, y según los casos en las diferentes comunidades autónomas, el estudiante que llegue por primera vez a la universidad el curso 2012-2013 podría pagar hasta 540 euros más en el coste de la matrícula que lo que ha pagado un alumno de sus mismas condiciones en el actual curso académico. Además, se incrementarán las penalizaciones a los repetidores que, también según los casos, podrían llegar a asumir el 100% del coste de una plaza, situada entre 5.000 y 7.000 euros. Lo más flagrante es que esta subida llega en un momento en que se han recortado las becas en un 11% en los nuevos presupuestos.

No voy a entrar en el tan manido fracaso estudiantil, ni en la falta de recursos de la universidad, ni en la calidad de la enseñanza. Eso lo dejo para otra ocasión. Me ciño a una subida de tasas y a un recorte presupuestario que echan a patadas de la educación superior a los estudiantes con menos recursos. Evidentemente todos debemos contribuir al mantenimiento de los servicios públicos -soy el primero que lo defiendo y quiero- , pero hay que ser equitativos. En este país ha costado mucho llegar a conseguir una enseñanza universal, pero visto lo visto tener estudios universitarios va ser sólo cosa de ricos. Una familia de clase media, cada día más empobrecida y con menos nivel adquisitivo, no va a poder enviar a sus hijos a la universidad salvo que hagan sacrificios sobrehumanos imposibles. Las familias con la mayoría de sus miembros en el paro y sin posibilidades de encontrar un empleo ni siquiera van a tener derecho al pan y al agua. Se les excluye socialmente sin posibilidades de superación en el futuro para sus hijos a los que se les arroja a la miseria social y cultural más despiadada. Pobre eres y pobre serás en lo económico, en lo cultural, en lo social. Los hijos de los ricos serán cultos, al menos si aprovechan su acceso a la educación superior, y los hijos de los pobres serán iletrados, analfabetos, poco cualificados y sin posibilidades, salvo que venga el hada de los cuentos o los juegos de azar les permitan lo contrario. No pinto un panorama dickensiano de los que tanto me me gustan, estos dramas ya se viven.

Durante el franquismo, muchos hijos de trabajadores pudimos acceder a estudios superiores gracias a los esfuerzos de nuestros padres que vieron en la formación un vehículo de superación social y una manera de ofrecer a sus vástagos un mundo mejor. A ello contribuyó un sistema de ayudas que hoy puede parecer alucinante. Universidades laborales, acceso a la enseñanza superior por beca elevaron considerablemente la tasa de doctores, licenciados y graduados españoles. Toda una generación preparada y competitiva que hizo posible los avances de este país en democracia. Más de un político hoy en ejercicio no habría llegado donde ha llegado sino no hubiera sido porque se le facilitó el acceso a la enseñanza superior en unos momentos difíciles y complicados. Pero tenemos unos gobernantes desmemoriados o, en algunos casos, que obran con desconocimiento de causa porque ellos pertenecían a familias acomodadas y ese era el problema de los hijos de la mujer -no señora- que fregaba el suelo en sus casas y que, además, era del bando de los había perdido la guerra. Las cuestiones históricas siempre son sociales.

Liquidar el acceso a la universalidad pública por cuestiones económicas es retroceder cien años y condenar a toda una generación de jóvenes a la miseria, más en unos momentos en los que la formación es más necesaria que nunca para poder ser competitivos. Digo miseria de una generación de jóvenes porque sin formación, sin trabajo y sin posibilidad de conseguirlo, sin superación, sin poder acceder a una vivienda, estamos liquidando el futuro de este país. Ya no habló de aquella estupidez de generación “nini”, sino de los nuevos Oliver Twist sin futuro y sin cultura. Claro que recortes son recortes, y siempre tiene que pagarlo la clase media. Digo.