martes, 23 de octubre de 2012

RECORTAR EN CULTURA PARA PAGAR INTERESES AL BANCO

Zubin Mehta

Leo en prensa algunas filtraciones sobre las inmediatas intenciones de la Generalitat Valenciana en materia cultural, que se desprenden de la creación del nuevo holding instucional CulturArts. Institutos y empresas culturales públicas que desaparecen, teatros que se cierran como el Talia, posible privatización del Teatro Principal de Valencia, becas y subvenciones que se fulminan, presupuestos que se juntan en un mismo cajón para compensar la buena gestión de unas entidades con las pérdidas ocasionadas por el despropósito de otros pésimos gestores.

Ahora le toca el turno tijeretil al Palau de les Arts. Peligra la presente temporada de ópera, el Centro de perfeccionamiento Plácido Domingo, la Orquesta Sinfónica de la Comunitat Valenciana o el Festival del Mediterrani que dirige Zubin Mehta...

Si los gobernantes piensan que la cultura es rentable económicamente, son unos necios morrocotudos. Estupideces del neoliberalismo con falta de criterios éticos.  La rentabilidad de la cultura no se mide haciendo caja, sino en la formación, educación, y amplicación de los universos culturales de la ciudadanía. Las instituciones públicas siempre deben ostentar el liderazgo ético. Muy mal vamos cuando eso no es así.

No hay un céntimo, es cierto. Pero, por favor, que callen quienes gobiernan con la cantinela de la rentabilidad cultural de lo público y la apuesta, según ellos, por la pluralidad ¿Saben de qué hablan cuando dicen pluralidad? ¿Saben cuál es su campo semántico? Nuestros gobernantes se han hecho especialistas en el tijeretazo sin asumir responsabilidades sobre las terribles consecuencias, amplificar discursos víctimistas en unos medios de comunicación controlados, echar la culpa a otros... Pensar lo contrario no es ser en absoluto insolidario e inconsciente, sino estar convencido de que hay otra manera de hacer las cosas.

¿Por qué se habla de recortes y fulminar la oferta cultural pública en aras de falta de presupuesto, cuando en realidad todo el dinero se va en pagar intereses de préstamos y obras faraónicas? El problema no es el contenido, sino el contingente fruto de una política  desastrosa minada de escándalos de diferente pelaje.

No hay dinero para todo. Recortemos, estoy de acuerdo, pero racionalicemos. Qué se diga la verdad. Qué se asuman responsabilidades de la mala gestión. La cultura no es un gasto, es una inversión. Es un derecho. No nos carguemos lo público. Lo podemos decir más alto, pero no más claro. Y esto no es demagogia. Podemos tener un sector cultural público y sostenible. Cuentas cantan, y no propiamente un aria de ópera.

lunes, 22 de octubre de 2012

EL PAISAJE NÓRDICO


Paisaje nevado con trampa de pájaros. Peter Brueghel el Joven (1564 – 1638). Museo del Prado

Hasta el próximo 2 diciembre podremos disfrutar en Centre del Carme, en Valencia, de la estupenda exposición itinerante Rubens, Brueghel, Lorena. El paisaje nórdico en el Prado. Coorganizada por el Museo del Prado, la Obra Social "la Caixa” y el Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, la muestra presenta un interesante recorrido a través de cuarenta y tres pinturas de los más importantes maestros del género que se conservan en la principal pinacoteca de nuestro país.


Comisariada por Teresa Posada Kubissa, Conservadora de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte (hasta 1700) del Museo del Prado, la exposición se estructura en nueve secciones o tipologías del paisaje que se desarrollaron en Flandes y Holanda durante el siglo XVII. Así descubrimos representaciones de la montaña, el bosque, la vida en el campo, el jardín, el paisaje de hielo y nieve, el paisaje del agua, los paisajes exóticos, Rubens y la pintura italiana. Entre las obras maestras que podemos contemplar destacan La vida campesina, La Abundancia y los Cuatro Elementos y Boda campestre de Jan Brueghel el Viejo, además de La visión de san Huberto que pintó en colaboración con Rubens o Mercado y lavadero en Flandes en colaboración con Joos de Momper el Joven; Paisaje alpino de Tobias Verhaecht, uno de los maestros de Rubens; Paisaje con gitanos y Tiro con arco de David Teniers o Bosque de Simon de Vlieger y Asedio de Aire-sur-a-Lys de Peeter Snayers. También hay que mencionar los paisajes de invierno y nórdicos como El puerto de Ámsterdam en invierno, de Hendrick Jacobsz o Paisaje con patinadores, del ya mencionado maestro del género Joos de Momper el Joven. La exposición concluye con algunos cuadros encargados por el rey Felipe IV a Claudio de Lorena y Jan Both, los pintores nórdicos que iniciaron en Roma el llamado “paisaje italianizatente”.


En la Edad Moderna, los italianos denominaron “nórdicos” a los pintores de más allá de los Alpes, principalmente de los Países Bajos. El contexto cultural en el que vivieron estos artistas y la demanda de los coleccionistas de la zona hizo que durante el siglo XVII se apartaran de los temas heróicos de la pintura de historia y representaran temas más cotidianos, constituyendo así lo que se ha venido en llamar pintura de género, además otros temas como el bodegón y el paisaje. Este último se convirtió en un género independiente al pasar el asunto representado a ocupar un segundo término y cobrar importancia la representación fidedigna de la naturaleza.


Imagino que de manera fortuita y casual, esta exposición ha coincidido durante unos días con estupenda retrospectiva dedicada al pintor valenciano Francisco Lozano con motivo del centenario de su nacimiento. Lozano fue un pintor fundamental, capaz de renovar la visión del paisaje español en el siglo XX bajo las premisas de la modernidad y la poesía. Una obra indispensable en la que el paisaje mediterráneo resulta desgarradoramente conmovedor.


No os la perdáis.

Publicado en 360gradospress el 19.01.2012

jueves, 11 de octubre de 2012

UNA DE ARQUITECTURA

Veles i Vent (Valencia). David Chipperfield & Fermín Vázquez, 2006

El pasado uno de octubre se celebró el Día Mundial de la Arquitectura bajo el lema El arquitecto, agente transformador de la ciudad. La costumbre de dedicar un día a una causa no me parece bien ni mal. He de confesar que es algo que me deja totalmente indiferente, aunque reconozco que, al menos ese día, se habla de ella en los medios de comunicación, y ya es algo.


Para hablar de arquitectura no hace esperar a la celebración de su día mundial, porque desgraciadamente se habla mal de ella con muchísima frecuencia, incluso en las conversaciones familiares cotidianas. Sólo por poner unos ejemplos de lo publicado en prensa recientemente tenemos los improperios de Esperanza Aguirre contra los arquitectos, las ya clásicas críticas a la obra de Santiago Calatrava y sus elevadas facturas, las casas del lujo de Joaquín Torres, eso por no hablar de la crisis que vive la construcción y los cientos de arquitectos que han tenido que cerrar sus estudios o emigrar a otras latitudes. Se habla mal y mucho, diría que demasiado, y se reflexiona poco, casi nada.  Pero es lo que hay.


Con motivo del día mundial de la arquitectura se han publicado muchos artículos de diferente pelaje. De todos los que he leído destaco el del arquitecto valenciano Alberto Peñín, publicado en Levante-EMV, el pasado 30 de octubre, que delibera sobre la buena o mala arquitectura. Y eso que bueno y malo son conceptos que personalmente no me gustan nada. Siempre están impregnados por el gusto, y éste, sea social o personal, es equívoco ya que hace que se valore una cosa olvidando los criterios objetivos, que siempre los hay.


Nuestra condición de ciudadanos nos permite opinar, y eso está muy bien. Pero con demasiada frecuencia nos metemos en camisas de once varas emitiendo juicios de valor, casi siempre negativos, careciendo del mínimo conocimiento capaz de hacernos traspasar nuestra simple y llana condición de espectadores. Sólo por alimentar nuestro ego y dárnoslas de lo que no somos condenamos con extrema ligereza edificios, libros, películas, cuadros o composiciones musicales. Si entramos en cuestiones históricas o filológicas aún lo complicamos más, porque sacamos todo el sociocentrismo que hay en nuestro interior. En esto los valencianos vamos sobrados. Cualquiera puede opinar de lengua, cambiar los hechos y símbolos históricos según su conveniencia, para defenderlo todo con la vehemencia que da la visceralidad y la osadía de la ignorancia. Según esta premisa, a este lado del Mediterráneo tenemos el mayor índice de historiadores y filólogos por metro cuadrado. A la primera de cambio, cualquiera se puede convertir en historiador o filólogo sin serlo y discutir, contradecir o ridiculizar a la autoridad académica más competente sólo por el mero hecho de llevar la contraria. Atrevidos somos un rato. Utilizo la primera persona del plural para no excluirme del grupo, pero en todos los sitios cuecen habas.


En su artículo Alberto Peñín hace un censo de edificios de la ciudad de Valencia sin sustraer la subjetividad, y eso se agradece. No obstante, lo que más me ha interesado de su contenido es como transmite unos mínimos criterios objetivos para establecer un juicio arquitectónico, siempre con carácter relativo. Criterios que podemos aplicar a cualquier valoración artística. Estos van desde la función e interés del edificio a su vinculación al entorno, sin olvidar su racionalidad constructiva o su expresión formal y la distancia que pueda haber entre nuestro gusto y el del arquitecto. No hay que olvidar que si se acepta un arquitecto concreto, debemos aceptar de antemano su personalidad, su manera de hacer o sus gustos. Si se ha elegido a Frank Gehry o Rafael Moneo, se deben aceptar las consecuencias de la elección. Esto es básico. Reconozco que la arquitectura tiene mucho de servicio público, pero la reflexión siempre evita la maledicencia. Los criterios de Peñín ayudan al más lego. Vaya si ayudan.

Publicado en www.360gradospress.com  05.10.2012

martes, 9 de octubre de 2012

LOS ESPACIOS PARA EL PENSAMIENTO DE SEAN SCULLY

Sean Scully. Doric. Óleo sobre alumnio. 2011

Hacia tiempo que no disfrutaba tanto en una exposición de arte contemporáneo como con la sugerente y bellísima exposición del irlandés Sean Scully, que aún se puede visitar en el IVAM. Resulta muy enriquecedor encontrarse con este artista y esta obra tan personal después de tanta vacuidad expositiva, de tanto artista en el que hay poco o nada que rascar, chinos incluidos. Y no lo digo sólo por el IVAM, sino por la deriva general que vivimos. El arte es hijo de su tiempo, nunca mejor dicho. Los mismos parámetros que vive la sociedad se manifiestan en el arte contemporáneo. No hay ideas, sólo superficialidades. Sequía, nada, ni siquiera nihilismo. Ni siquiera perplejidad y desconcierto, aunque los críticos y adláteres se empeñen en cargar sus crónicas de cierto halo filosófico que se pierde en las palabras grandilocuentes para componer un discurso sin contenido. Por eso encontrarme con Scully me ha sido tan reconfortante: un artista con ideas, rara avis.

Influenciado por Mondrian, Matisse y Rothko, este pintor y fotógrafo es un maestro de la abstracción y el minimalismo, capaz de dotar a sus obras de una gran expresividad que surge del uso de la geometría, la luz y el color. Con estos elementos, que no son pocos, sus estructucturas seriadas consiguen una atrayente sensación de movimiento a partir de la superposición. Líneas, bandas, bloques son los elementos que utiliza, tratando el color de una manera muy especial, superponiendo capas de diferentes pigmentos que ofrecen transparencia y hacen que se consigan unos tonos únicos, cálidos y de gran profundidad.

Viajero incansable, el viaje es en Scully una búsqueda interior que encuentra en el Mediterráneo un destino. Marruecos y Grecia son algunos de los entornos culturales visitados, vividos, aprehendidos. En el IVAM presenta Doric, una serie de pinturas en las que plantea su personal reflexión sobre la cultura y arquitectura de la Grecia Clásica, en definitiva sobre la Humanidad. Una reflexión que parte de la observación, del estudio del natural que luego se transforma en el estudio. De la vivencia y el apunte en Atenas a la reflexión y materialización en el estudio del artista en Mooseurach, cerca de Munich. De una luz o otra luz. De la emoción del instante al sentimiento que se materializan en geometría y en una paleta cromática muy especial de blancos, grises y negros en la que este último no es la negación del color, sino el color en sí. 

"Los espacios entre las columnas son un espacio para el pensamiento, para la luz, para el cuestionamiento y el crecimiento", escribe Scully.  Suficiente. Obvio las apostillas.