sábado, 21 de febrero de 2015

AHÍ TÚ, BERGOGLIO


Una más del Papa Francisco, Hace unos días durante su homilía matutina en la capilla de la residencia de Santa Marta dejó a los fieles que asistían de auténtica pasta de boniato. El pontífice no se cortó un pelo al afirmar que aquel que va a misa todos los domingos, comulga, da limosnas e, incluso, envía algún que otro chequecito para ayudar a la Iglesia, pero que luego no paga a sus empleados como corresponde, hace pagos en negro para eludir impuestos y no cumple con la seguridad social, "está utilizando a Dios para cubrir la injusticia; y eso es un pecado gravísimo". Y como esta semana se celebró el Miércoles de Ceniza y Doña Cuaresma acabó liquidando a Don Carnal, el Papa  indicó a los presentes que el camino a la Pascua "no consiste en no comer carne los viernes, hacer cualquier cosita, y después hacer crecer el egoísmo, la explotación al prójimo, ignorar a los pobres; no es un buen cristiano aquel que no hace justicia con las personas que dependen de él". Según me ha contado por whatsapp el monaguillo que empina el codo con las vinajeras de misa de la Basílica de San Pedro, al escuchar las palabras del Papa varios asistentes se fueron corriendo a amorrarse a la pila bautismal para echarse un buen trago de agua y poder engullir un Trankimazín de urgencia. También me dijo que vio a uno sacarse del bolsillo una preciosa petaca florentina de cuero repujado y pegar un lingotazo disimuladamente tras una columna de la capilla.

Cada día que pasa Bergoglio me recuerda más a Erasmo de Rotterdam, y creo que conoce muy requetebién el Encomiun moriae. Evidentemente, el Papa pronunció estas palabras en un ámbito religioso, pero como sucede con los textos del roterodamo, basta con cambiar la palabra cristiano por ciudadano para secularizar el discurso y colocarlo en el campo de la ética universal, en la lucha contra la hipocresía y la injusticia social.

¿En un contexto laico sabrán aplicarse la cantinela  todos aquellos empresarios que alardean de llevar en sus empresas políticas de Responsabilidad Social Empresarial, que se jactan de colaboran con mil quinientas ONGs a la vez, entre ellas con alguna secuela mediática de la Madre Teresa con sandalias de Salvatore Ferragamo, pero que incumplen el pago de  un salario digno a sus empleados e impiden políticas de igualdad y conciliación? ¿Se aplicarán este cuento los bancos a la hora de hacer un desahucio?  Tengo mis dudas sobre el calado de las palabras de Bergoglio más allá de la anécdota convertida en un titular de periódico. No obstante, está muy bien que un Papa haga este tipo de declaraciones. Además, ya era hora que el líder religioso del 33% de la población mundial hablase de justicia social,  transparencia e igualdad y dejase de preocuparse por el uso que los humanos hacemos de lo que tenemos o dejamos de tener junto a la entrepierna. Bergoglio lo lleva haciendo desde que se instaló en Roma.  Mi amigo el monaguillo empina codos me ha dicho que Jorge Mario, nombre de pila del sumo pontífice,  lee a Dostoievski y Borges, y además silva tangos cuando cuando va por los pasillos del Vaticano. Esto me da buen fario. Tengo que preguntarle al monaguillo que tango silva. Igual es aquel de "Corrientes 348, segundo piso, ascensor...". Estaría bueno.

LOS HUESOS DE CERVANTES Y EL PAÍS DE TRAPISONDA



A lo largo de mi vida he vivido varias búsquedas esperpénticas de huesos ilustres.   A principios de los noventa, cuando trabajaba en el magazine de la mañana de la aniquilada radio pública valenciana, cubrimos e incluso abrimos una sección fija a la increíble búsqueda de los huesos de Luis de Santángel, el converso valenciano que sufragó parte de la expedición de Cristóbal Colón en el descubrimiento de América. Aquello fue digno del país de Trapisonda y contó con la participación de un adinerado matrimonio de judíos norteamericanos, la desquiciada concejala de cultura del Ayuntamiento de Valencia, en aquellos años en manos de una desaforada Unió Valenciana, y unos cuantos ofrendantes más de rancias glorias regionalistas. Bien es cierto, que en aquellos años y desde aquella enloquecida concejalía valenciana, igual se buscaban los restos de Luis de Santángel que la pata de una mesa de estilo pompeyano que perteneció a Vicente Blasco Ibañez. Lo de la pata tuvo bemoles.

Por aquellos años también viví los embrollos de la tumba de un benefactor de la Cartuja de Vall de Crist, en Altura (Castellón), en la que aparecieron tres fémures tres. Esto trajo menos cola que lo de Santángel  y no trascendió a la prensa, aunque algún que otro chistoso hizo comentarios sobre la posible existencia de un fabuloso pene calcificado. Más suerte mediática tuvo el caso los colmillos que desde Argentina envió un anciano a la entonces alcaldesa de Segorbe (Castellón),  Olga Raro, pidiéndole que los enterrará  en la tumba de sus padres, ya que no podía regresar a su pueblo para morir, como hubiera sido su deseo, al encontrarse muy enfermo y sin dinero. Pero lo que podría haber sido un drama de emigrantes digno de ser cantado por Juanito Valderrama, se convirtió de pronto en un tremebundo culebrón familiar con sorna de cháchara mediterránea. Estos colmillos sacaron a luz una historia de adulterio y bigamia oculta durante años, porque la familia del anciano siempre contó a sus vecinos que éste había muerto en Argentina hacía años y que por eso habían regresado su viuda y sus hijos tristes y llorosos al pueblo.  Se creyó, pues, que era más respetable  y digno de conmiseración crear una falsa viuda que una cornuda objeto de burlas. Pero los colmillos resucitaron al muerto y cambiaron los lutos por una historia negra.

Estos días el sainete de la búsqueda de los huesos de Miguel de Cervantes en la cripta del convento de San Idelfonso de Madrid llena las páginas de los periódicos. Un encargo de la Sociedad Científica Aranzadi con una aportación de 50.000€ del Ayuntamiento de Madrid y otros 12.000€ que ya se aportaron en una fase prospectiva.  Esta búsqueda, aparte de tener mareadas a las monjas trinitarias, me ha hecho recordar las otras pesquisas óseas que viví más o menos en primera personas y relacionarlas todas entre sí con mucho humor, sobre todo porque las referencias para localizar los huesos de Don Miguel se basan en una calavera con solo seis dientes –igual entre estos hay un colmillo-, los impactos de los arcabuzazos que recibió en el pecho y en el brazo izquierdo el ilustre manco de Lepanto, y unos tobillos robustos resultado de la hidropesía que padecía.  De fémures nadie ha dicho nada por el momento, pero ya sabéis cómo se las gasta este hueso para multiplicarse.

Siempre me he preguntado el porqué de este empeño quimérico de las administraciones públicas en invertir importantes sumas de dinero público con este tipo de hazañas desatinadas. Nunca me contesto. Con las entidades privadas no me meto. Cada cual se gasta el dinero en lo que quiere o puede. Pero estas desquiciadas historias óseas acaban sin conseguir sus objetivos, porque ni la búsqueda de los restos de Luís de Santángel hizo que este judío converso ocupara un lugar de mayor relevancia en la historia del descubrimiento de América, ni los tres fémures del protector de la Cartuja de Vall de Crist libraron a este conjunto histórico-artístico tan sobresaliente de su posterior abandono,  ni el entierro de los colmillos en Segorbe palió los problemas de una familia rota por la emigración y el fracaso.

Con los huesos de Cervantes va a pasar lo mismo. Por muchos huesos que se localicen no se va a leer más El Quijote. Encima, me apuesto una comida a que entre los buscahuesos que trabajan en la cripta de las trinitarias hay más de uno que no  ha leído el gran libro cervantino ni piensa leerlo. ¿Por qué las administraciones públicas no dejan de subvencionar insensateces tan supinas?  Si tienen ganas de huesos que ayuden a los colectivos de la Memoria Histórica a localizar las fosas de los miles de ciudadanos de este país que fueron asesinados durante la Guerra Civil y la represión franquista. Cervantes no tiene hijas ni nietas a las que durante décadas  les han prohibido llorar y honrar la memoria de sus padres y abuelos asesinados, los muertos de las fosas sí. Pero en este país somos dados a la bulla irrazonable y eso nos pierde.  Yo invitaría a este atajo de empecinados sabuesos a que abandonen las pesquisas óseas y cambien los huesos de Cervantes por la lectura de El Quijote, no para que se identifiquen con Alonso Quijano, que también estaría muy bien,  sino para que les salte a las narices el pragmatismo de Sancho Panza, que falta les hace. Leyendo a Cervantes aprenderán qué es eso de la pureza de sangre y comprenderán a Luis de Santángel; se reirán a carcajadas con historias que bien podrían ser de fémures y colmillos, y respetarán el dolor de las  familias y la memoria de los muertos. Todo ello y más cosas en un sólo libro. No se honra mejor a un escritor que leyendo su obra, y la de Cervantes es muy valiosa.

Publicado en 360gradospress 20 febrero 2015

BICOCA PARA DEJAR DE SER UN PAÍS ILETRADO DE UNA VEZ POR TODAS



Según el informe 3.047 realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)  el pasado mes de diciembre, el 35% de los españoles aseguran que no leen un libro nunca o casi nunca.  Comparada con la anterior encuesta del CIS sobre la lectura efectuada en 2003, el porcentaje de no lectores, y por consiguiente de iletrados, ha aumentado  10’5 puntos en sólo doce años.  El 42% de los encuestados afirma que no lee porque no le interesa, porque no le da la real gana,  lo que representa un 7’8% más que hace doce años. Es decir, que casi la mitad de los españoles están encantados de la vida de ser iletrados, y la tendencia es al alza.

Estamos en un año electoral y, fuera de los consabidos personalismos y de descalificaciones varias, todavía no oído a ningún partido político indicar cual será su política cultural y si piensa o no aplicar políticas de fomento de la lectura para que el país salga del pozo de analfabetismo en el que está sumido.  Cuando se habla de políticas culturales siempre hay referencias al cine, a la industria discográfica, a las artes escénicas o a las  artes plásticas, y últimamente se ligan los contenidos con el turismo cultural, sector económico que parece que nos sacará las castañas del fuego en un futuro inmediato. Jamás se habla de lectura ni de libros. Esto me alarma, sobre todo cuando casi la mitad de los habitantes de este país es iletrada y a nadie parece importarle un pimiento. Sinceramente, creo que esto merece  una atención urgentísima por parte de los políticos, aunque ya  sé que hablar de analfabetos no les da una foto tan glamurosa como la inauguración de una exposición de pintura o una alfombra roja de un festival de cine de tercera.

Nuestro país, como cualquier otro de cultura occidental, tiene un sistema de enseñanza fundamentado en la adquisición de conocimientos a través de la lectura. La palabra lección viene de la latina lectio, que quiere decir lectura. Así pues, la lectura y el libro son los principales elementos dinamizadores de nuestra formación individual y de los procesos culturales.  Una sociedad que lee es una sociedad libre que incrementa constantemente su capital cultural y humano. Por tanto, es responsabilidad de las Administraciones Públicas, sea cual sea el partido que gobierne, impulsar políticas que fomenten el libro y la lectura, no sólo  como herramientas fundamentales  del desarrollo de la personalidad y la sociabilización de los ciudadanos, sino también como elementos básicos de la democracia y la sociedad de la información en la que vivimos.

¿Les interesa a los partidos políticos tener más de un  40% del electorado viviendo en la ignorancia? ¿Qué ha hecho el PP en estos 4 años con la lectura y el libro? ¿Qué piensa hacer el PSOE con su política cultural? ¿Contemplará el libro y la lectura? Hasta ahora no he escuchado a Pedro Sánchez decir nada al respecto. Sólo le he oído las generalidades obvias de plural, universal, sostenible, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Y Podemos? A Pablo Iglesías no le he escuchado una palabra  más allá de las generalidades antes indicadas, que, como veis, tienen carácter polivalente en cualquier discurso demócrata.  ¿Y el resto de partidos políticos? Pues lo mismo o menos.  ¿Saben los partidos políticos que fomentar la lectura entre los ciudadanos es incrementar el capital cultural y humano del país? Me parece que no. Es más, creo que ni siquiera se lo han planteado o, visto lo visto, no les interesa que exista para no fomentar la conciencia crítica con el peligro que conlleva. Algo de esto ya dijo  Erasmo de Rotterdam  a principios del siglo XVI y, salvando las distancias,  sus obras acabaron en el Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum promulgado por el Conciclio de Trento. Si lo de Trento os huele a incienso y os resulta demasiado lejano en el tiempo, podéis aclamaros a Ray Bradbury y su Fahrenheit 451, que para el caso es lo mismo pero en ciencia ficción y con un prurito culturalista avant la lettre.

A la democracia siempre le ha venido de perlas que los regímenes totalitarios prohibiesen la lectura y los libros. Lo sabía muy bien la Iglesia de la Contrareforma cuando se ponía como se ponía contra los humanistas y los luteranos. En un país de iletrados la lectura es irrelevante y no encierra ningún peligro para el poder. Sin embargo, la burricie de prohibir los libros, además de poner el ego del que pohibe a punto de nieve, siempre ha tenido un beneficioso efecto boomerang por despertar la curiosidad y animar a la lectura clandestina,  incrementado a corto y medio plazo la conciencia crítica. ¿Cuántos libros clandestinos leyeron a escondidas durante el Franquismo más de un político demócrata de los que ahora se ofende cuando sus hijos ya maduros les llaman casta?


Ante la falta de otras políticas lectoras y como medida de urgencia, propongo que los partidos políticos emulen al Concilio de  Trento o a Fahrenheit 451, contra gustos no hay nada escrito,  e incluyan en sus próximos programas electorales la prohibición de la lectura,  el cierre de las bibliotecas en todo el país y el paso del sector del libro a la clandestinidad. De esta forma se  desharán de una vez por toda de los editores,  los libreros, los autores y  los ilustradores  que nunca están contentos con nada,. Esta prohibición les llevará a implantar la mejor política de fomento de la lectura que se ha hecho en los últimos años. El morbo, la excitación producida por la clandestinidad no sólo  acabará con los iletrados en este país, sino que aumentará la conciencia crítica de los ciudadanos haciendo crecer hasta cotas insospechadas el capital cultural y humano del país. Además, ante la ingente demanda de libros florecerá la industria editorial y las librerías vivirán felices en un nuevo y boyante ecosistema clandestino. La falta de pago de impuestos se podría subsanar con el abono de alguna que otra pequeña comisión tras decir la contraseña “Vengo al funeral de la abuelita”, como ocurría en la película Con faldas y a lo loco.  Como veis, una exitosa política de fomento del libro y la lectura verdaderamente dinamizadora del sector, pero sin inversión, sin costosas y complejas campañas de marketing, y sin milongas.  Una campaña cuya interpretación  polisémica puede contentar a todos.Vamos, una bicoca. 

EL PALAU DE LES ARTS O LA ENTELEQUIA DE UN TEATRO DE OPERA



El registro del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia  el pasado martes de 20 de enero y la posterior imputación del exgerente, Ernesto Moreno, y  su ya exintendente  Helga Schmidt  por delitos de prevaricación, malversación de caudales públicos y falsedad, a raíz de la denuncia presentada por el fiscal en base a un informe de la Intervención de la Generalitat Valenciana de 2010, ha supuesto un nuevo golpe de corrupción sobre la ya lacederadísima  Comunitat Valenciana.  Los valencianos estamos hartos de tanta corrupción, de tanto escándalo y tanto latrocinio. Estamos hasta las narices de soportar una nefasta gestión pública en manos de unos desalmados que se han aprovechado del pico de una gaviota, desprestigiando a sus otras compañeras gaviotas honorables y orgullosas de serlo. Estos desalmados comen carroña, lo que hace que se alíen con lo más rastrero, zafio y maleante del patio de Monipodio. Un atajo de rapaces con falsos oropeles que han convertido a la Comunidad Valenciana  en tierra de saqueo donde, por lo visto y mientras no se demuestre lo contrario,  ha estado cobrando comisión a costa del erario del público hasta Perico el de los Palotes.

El registro policial y la imputación de la exintendente y el exgerente es la gota que colma el vaso de los escándalos, problemas y despropósitos  que carga a sus espaldas el Palau de les Arts desde el inicio del proyecto hacia el año 2000. Empezó con el arquitecto Santiago Calatrava y el sobrecoste de la construcción, 478 millones de euros. Inmediatamente vino la contratación de Helga Schmidt y su supersueldo, más alto que el del Presidente de la Generalitat Valenciana. Luego en 2006, a los pocos meses de la apertura oficial,  una avería en la plataforma escénica  afectó la programación de aquella temporada y se tuvieron que cancelar representaciones de La Bohème y La Bella y la bestia, y se ofrecieron Don Giovanni y Cyrano de Bergerac  con montaje modificados. La reparación costó medio millón de euros.  Un año después, en octubre de 2007, las fuertes lluvias caídas sobre la ciudad de Valencia produjeron inundaciones en el recinto operístico. Se inundaron pasillos, salas, almacenes; se dañó el sistema eléctrico  y  la maquinaria del escenario. Todo ello afectó  a las representaciones de Carmen y obligó a cancelar 1984. Los daños ascendieron a  más de 16 millones de euros.  A estos problemas en el edificio le siguieron los escándalos por la contratación de importantes figuras de la lírica, así como de los directores Lorin Maazel y Zubin Mehta, todo un lujo para una ciudad como Valencia, que ascendió a más de 10 millones de euros. Dicho gasto fue justificado por los gestores en su afán por conseguir lo mejor para el coliseo valenciano, sobre todo en una ciudad que carecía de tradición operística. Y mientras se cosechaban grandes éxitos, como la tetralogía wagneriana de El anillo del Nibelungo y la Orquesta de la Comunidad Valenciana se convertía en toda una referencia nacional e internacional, los escándalos eran pan de cada día en el Palau de les Arts: denuncias de enchufismo y despifarro en la gestión de la exintendente, que se gastó más de 390.000 euros en viajes, dietas y alojamiento, así como pluses por pernoctar en hoteles europeos de cinco estrellas con la excusa de contratar a grandes figuras para Valencia.  Luego el trencadís empezó a caerse y dio comienzo al sainete entre Santiago Calatrava, la Generalitat Valenciana y la culpas a la UTE que construyó el recinto.  Pérdidas millonarias en los ejercicios de 2011, 2012 y 2013. En 2014 un ERE que se saldó con 38 despidos. Y ahora, mientras los andamios cubren gran parte de la fachada del teatro, surge el escándalo de los patrocinios, el registro, los arrestos y las imputaciones, que se retrotraen a los ejercicios que más pérdidas generaron en la contabilidad del teatro.

Dejemos que la justicia haga su trabajo, lo que no nos exime para que veamos todo este último escándalo como algo tremendamente complejo y confuso.  Helga Schmidt siempre ha sido atacada y cuestionada en su gestión, pero es evidente que supo llevar al Palau de les Arts a las más altas cotas, a golpe de talonario, vale, pero con su influencia se consiguieron voces que de otra forma hubieran sido impensables para una ciudad como Valencia. Tal vez  un sueño que nos ha durado poco a los valencianos. Un sueño del que no éramos conscientes que soñábamos. Una irresponsabilidad e insolidaridad para parte de los gestores públicos que nos inducían a soñar mientras muchos niños iban al colegio en barracones  y muchas personas pasaban hambre.   Demagogia, pero hay que decirlo. Lo mismo ha pasado con la Fórmula 1.

No estoy en la piel de nadie, casi ni en la mía, pero  no dejo de preguntarme el  por qué ha tenido que acabar la exintendente del Palau de les Arts su brillante carrera como la ha acabado. Es evidente que tenemos que dejar trabajar a la justicia y que yo no soy quien para poner la mano en el fuego por nadie. Pero visto lo visto,  el Presidente de la Generalitat Valenciana ha dejado a Helga Schmidt como a Manon Lescaux, “Sola, perduta, abbandonata in landa desolata”. Ahora resulta que esta ópera, la última de las programadas hasta el momento en el coliseo valenciano, ha sido premonitoria.  ¿Una mujer  que  ha trabajado con Herbert von Karajan y el Festival de Salzburgo, que fue directora artística del Covent  Garden de Londres, que ha sido gestora de la London Symphony Orchestra y de la Concertgbow Orchestra, que ha sido gerente del Festival Mayo Florentino, amiga de Maazel, de Mehta, de los grandes de la lírica, que levantaba el teléfono y conseguía los mejores repartos, tenía necesidad de acabar en algo tan turbio y tan zafio? Schmidt llegó a Valencia en el 2000 con el reto de convertir la Ópera  en un referente y lo consiguió de manera pasajera con dinero y contactos. Tal vez fue parte del sueño ante una realidad demasiado triste.  Tal vez todo ha sido fruto del delirio de unos políticos desalmados a los que su propio  complejo de inferioridad les abocaba a la megalomanía y al derroche a costa de los otros. Una realidad que es pesadilla para todos, derrumbe, fango  y miseria, o simplemente el paso de Othar, el caballo de Atila, aquel que por donde pisaba no volvía a crecer la hierba.


Con el Palau de les Arts descabezado los valencianos nos quedamos con un edificio público más que se cae y sin contenido ¿Qué cantante de primera línea va querer venir a un teatro maldito? ¿Quién va a gestionar este monstruo? Hoy ya es un  gran edificio vacío, una  ruina en concepto. Lo veo albergando a las bandas de música de la Comunitat Valenciana y con una temporada de ópera tan modesta que presumiblemente no vaya más allá de las aspiraciones de un fin de curso lírico. A lo mejor esa era la realidad que nos podíamos permitir. ¿Hubiera sido más rentable acondicionar el Teatro Príncipal de Valencia para programar una temporada de ópera? Pero “el serà per diners, sense tindre’ls” pierde a ciertos personajes, los mismos a los que les gusta soplar en caldo frío. Sin duda, los valencianos hemos sido víctimas del mal sueño de un  teatro de ópera. Nos hemos creído la entelequia del Palau de les Arts y al final hemos enloquecido como las heroínas de las óperas de Gaetano Donizetti.  Hemos sido iza y hemos puesto la cama. 

LOS REYES MAGOS Y PAPA NOEL RESIDEN EN ANTIGUA AND BARBUDA


Ya ha pasado la Navidad y la Epifanía. Los Reyes Magos han emprendido su camino de retorno hacia sus respectivos territorios, mientras Santa Claus hace ya días que regresó a Laponia. No sé si a la finlandesa o a la sueca, porque con esto del lugar de residencia del señor gordito con barba blanca siempre ha habido polémica. Yo creo que con tanto dispendio como hace este venerable anciano, al igual que Melchor, Gaspar y Baltasar, debe de tener fijada su residencia en algún paraíso fiscal y dedicarse a cosas que poco tienen que ver con el concepto judeocristiano del trabajo como castigo de Yahvé. Para nada me imagino a los cuatro generosos currando en un país gélido. Ni siquiera en Andorra, que me resulta un territorio demasiado prosaico por la proximidad. Aunque sí que me los podría imaginar en la Calle de las Tiendas, en Andorra la Vella, pagando mordida  a los Pujol con la excusa de proteger al TióCaga tió, atmelles i torró. Y es que no hay nada como la moraleja polisémica de los cuentos populares.

Dando una vuelta a esto de los cuentos y los paraísos fiscales he consultado a la santa Wikipedia, que ya viene a ser un poco como Hal-9000 de 2001, una odisea del espacio, pero de todas las galaxias del saber prosaico. En Wikipedia me he encontrado con un paraíso fiscal que les viene a los cuatro como anillo al dedo: Antigua and Barbuda. El nombre no es un chiste ni una alucinación ocasionada por el antihistamínico que me estoy tomando para curarme el trancazo que tengo desde hace días. No estoy haciendo ficción. Ni siquiera rindo con él un homenaje intencionado a  De Optimo Republicae Statu deque Nova Insula Utopia, de Thomas More, que bien podría. La realidad siempre supera a la ficción y a los anhelos. Antigua and Barbuda existe y hasta tiene página web. Se trata de un conjunto de pequeñas islas antillanas limítrofes a Guadalupe, excolonia del Imperio Británico, cuya capital es Saint John’s. Estas islas las descubrió Colón en su segundo viaje y fue el genovés quién le dio el nombre de Santa María Antigua a la más grande. Lo de Barbuda es por la segunda isla en tamaño, cuyas palmeras lucían grandes masas de líquenes que parecían barbas. Se ve que esto les hizo gracia a los marineros españoles que acompañaban a Colón, y como con lo de las figuras retóricas no hay quién nos gane, le encasquetaron el nombre de Barbuda a la isla. Años más tarde estos territorios pasaron a los franceses, y después a los ingleses, que se dedicaron al cultivo de la caña de azúcar con mano de obra esclava. Por cierto, aunque la esclavitud se abolió en 1839 en las colonias británicas, en Antigua and Barbuda no desapareció oficialmente hasta 1939, año en que los sindicatos dijeron basta. God save The Queen! El país es  independiente desde 1960, y desde 1980 tiene firmada una alianza con los Estados Unidos por el uso de su territorio con fines militares mediante el pago de un sustancioso arriendo anual, que junto a lo que se dejan los turistas atraídos por el paraíso fiscal,  hace que el país esté divinamente.

Volviendo a la retórica, y sin ánimo de enturbiar la honorabilidad de nadie, y menos de Santa Claus, Melchor, Gaspar y Baltasar, pero viendo las pintas que se calzan y lo perversa que es la realidad, esto de residir en Antigua and Barbuda les iría como anillo al dedo, tanto por lo del continente como por lo del contenido. Me explico. Una de mis mayores preocupaciones de niño inocente fue averiguar la ubicación del país de origen de estos legendarios personajes, sobre todo viendo las grandes cantidades de dinero que se gastaban para traer tantos regalos. Aunque consultaba con frecuencia el Atlas de Aguilar, que por cierto me trajeron un año sin pedirlo en la carta, nunca daba con países tan ricos y fabulosos. Un día aprendí un poco de economía y perdí gran parte de la inocencia. Deduje que los cuatro liberales tenían montado el chiringuito en base a un impuesto mundial que gustosamente pagaban todas las familias del planeta para mantener su leyenda. Este impuesto mundial sigue aún vigente en el reino de los sueños, y parece que en la actualidad los cuatro dadivosos especulan lo suyo para conseguir más beneficios, porque vistas las marcas de la mayoría de los regalos que traen, deben de tener firmado algún acuerdo beneficiosísimo con las principales multinacionales. Por lo tanto, no es nada peregrino pensar que Santa Claus, Melchor, Gaspar y Baltasar viven en Antigua and Barbuda y tienen por ingresos lo que recaudan con el impuesto secular de las familias más  lo que les untan las multinacionales por prescribir sus marcas y los pingües beneficios que sacan por la compra de deuda soberana a algún que otro país en horas bajas  siguiendo los chivatazos de un colega bróker de Wall Street. Vistas bien vistas las marcas que han traído este año, en general de grandes multinacionales y productos asiáticos baratos de fabricantes que ignoran lo que es la Ética empresarial, a los cuatro generosos no les deben gustar nada los productos kilómetro 0, el desarrollo regional y la economía del bien común. Creo que les deberíamos exigir que apuesten por proveedores autóctonos y por el pequeño comercio local. Ya que les pagamos gustosamente el impuesto secular para que continúen con su prestigio en el mundo de los sueños, les deberíamos exigir que fuesen consumidores responsables.

Y hasta aquí el cuento. Servidor hace como Max Aub con El Correo de Euclides, la felicitación que el autor de La calle Valverde enviaba a sus amigos para desearles un buen año. Si el Max Aub lo hacía como el último cuento del año, servidor lo hace como el primero. Manolo Gil le envía su primer cuento de 2015, deseándole un Feliz Año Nuevo. La moraleja la ponéis vosotros, los lectores.

Publicado en 360gradospress. Enero 2015