domingo, 26 de febrero de 2012

DIARIO DE INVIERNO



“Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”. Con esta contundencia comienza el último libro de Paul Auster (New Jersey, 1947) publicado en España, Diario de invierno. Un peculiar diario escrito a retazos que se encuadra dentro del grupo de sus obras biográficas junto a La invención de la soledad y A salto de mata.

El descubrimiento del sexo, los juegos infantiles, un accidente, el recuerdo de los padres, la muerte de la madre, la separación de su primera mujer son algunos de los momentos vitales sobre los que reflexiona Auster. Un calidoscopio profundo y poético, tremendamente reflexivo que toma al cuerpo como epicentro. El cuerpo que envejece, que siente el inexorable paso del tiempo. El cuerpo y sus heridas. El cuerpo y sus enfermedades, sus deterioros, sus angustias. El cuerpo y sus lugares. Ser y parecer, espacio y tiempo como parte indisoluble de la memoria. Descripción del lugar, anécdota y descripción vital unidos en ese pasaje sorprendente y curioso en el Paul Auster describe las 21 casas en las que ha habitado a la largo de su vida y cuenta algún aspecto destacable de su biografía que tuvo lugar allí. El yo y sus lugares. Los lugares, el yo y sus circunstancias. El juego austeriano de la casualidad, de lo banal, de lo cotidiano convertido en literatura.

Y del tiempo individual al tiempo familiar, al cuerpo familiar. Este diario es una reflexión sobre la familia en un sentido amplio. La familia como centro. La familia como cuerpo social, con sus heridas, sus alegrías y sus dolores. Placer y sufrimiento individual y, en familia, convertidos en verdad universal. Cosas que piensas que nunca te van a pasar a ti y te suceden. Y no eres el único, porque hay algo universal en todas en las vidas. Un punto de encuentro, una confluencia biográfica, sensitiva ante el tiempo que hace que todas las vidas se parezcan en algo. ¿Recordáis como empieza Lev Tolstoi su Ana Karenina con aquello de “todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera”? No es que la familia de Auster sea mejor ni peor, simplemente es. Universalmente es, como la de cualquiera de nosotros.

Con este Diario de invierno Paul Auster lanza una mirada introspectiva hacia sí mismo, y lo hace desde la edad madura, envolviendo el relato de un halo melancólico y crepuscular. Un relato configurado a saltos, de manera no cronológica, adelante y atrás. Saltos en el tiempo y en el espacio en los que utiliza la segunda persona, consiguiendo que el libro sea un personal collage vocativo en el que la identificación autor/lector funciona con extrema facilidad.

“Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana, Tienes sesenta y cuatro años. Afuera, la atmósfera es gris, casi blanca, no se ve el sol. Te preguntas. ¿Cuántas mañanas quedan? Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto. Has entrado en el invierno de tu vida” El invierno como metáfora vital, como sala de espera en el que el autor anota su vida en diario. Ficciona su vida.

Un Paul Auster en grado sumo y en estado de gracia.


Publicado en 360gradospress nº 152. http://360gradospress.com/




viernes, 10 de febrero de 2012

EN TORNO A TAPIES

El pasado 6 de febrero fallecía en Barcelona a los 88 años de edad Antoni Tapies. Con él desaparece una de las figuras más significativas del arte español del siglo XX. Un pintor, un escultor, un filósofo, un poeta.

Nacido en 1923, en el seno de una familia de la burguesía barcelonesa, Tapies manifestó muy pronto su interés por el Arte. En 1948 fundó junto con Joan Brossa y otros destacados artistas catalanes la revista Dau al Set, muy relacionada con el surrealismo y el dadaísmo. Su marcha a París en 1950 hizo que abandonase este movimiento para adentrarse en el informalismo del que llegó a ser uno de sus máximos exponentes internacionales.

Mucho se ha hablado estos días de Tapies, pero nunca es suficiente. Hay que pendetrar en su obra, verla en el amplio concepto de ver, algo que casi nunca hacemos ante una obra artística, leerla, intentar comprenderla, interpretarla, volverla a contemplar para darnos cuenta de su carácter inabarcable. Si toda obra de arte necesita del espectador, la de Tapies aún más. No tiene sentido sin el constante diálogo que establecen con el espectador. Un sentido poético y metafórico, filosófico, constantemente renacido.

De formación prácticamente autodidacta, Tapies supo pasar del realismo de sus primeros años al surrealismo mágico con influencias de Joan Miró y Paul Klee, y de aquí a la abstracción geométrica y al informalismo para adentrarse en la pintura matérica. Técnica y mensaje, continente y contenido. Pocas veces la interacción entre ambas ha sido tan enriquecedora, tan fructífera. Para expresarse Tapies aplicaba sobre lienzo una técnica mixta en la que dentro de una gama cromática de gran austeridad –ocre, marrón, gris, negro- fundía óleo y otros pigmentos con polvo de mármol triturado, consiguiendo así unas texturas muy peculiares, únicas. Sobre esta mixtura aplicaba arpilleras que horadaba, rasgaba, deshacía, incluso incorporaba otros materiales, algunos procedentes del reciclaje. Por último añadía signos –letras, números, cruces, figuras…-. Componía así unos sorprendentes poemas visuales que aunaban lo matérico con lo icónico y lo cromático. Una nueva forma de expresión que vehicula el diálogo con el espectador. Será esta forma de expresión en la que lo plástico, lo matérico, se convierte en poesía la que le caracterizará  y por la que será mundialmente conocido.

Y de la formalidad al contenido. Tapies fue un hombre de una sólida formación intelectual con hondas convicciones políticas. Siempre manifestó una profunda preocupación por el ser humano y por la libertad. Desde la sencillez, desde la cotidianidad nunca desprovista de espiritualidad, Tapies supo hablar de la vida y de la muerte, de la soledad y la alegría, del paso del tiempo…. Transmitió un mensaje abierto y polisémico que jamás dejó indiferente a nadie. Como él manifestó más de una vez, una obra de arte debe dejar perplejo al espectador para hacerle meditar sobre el sentido de la vida. Quedémonos con esta frase. Nunca se ha explicado tan bien el sentido de la obra artística.

Publicado en 360gradospress nº 150. http://360gradospress.com/
 




miércoles, 8 de febrero de 2012

DICKENS Y LA CRISIS ECONÓMICA

El 7 de febrero de 1812 nacía en Portsmouth, Inglaterra, Charles Dickens, sin duda uno de los novelistas británicos más queridos de todos los tiempos. Para celebrar este bicentenario se han organizado en todo el mundo numerosos actos, exposiciones, reediciones de libros y nuevas adaptaciones cinematográficas de sus novelas más conocidas. En el Museo de Londres y hasta el próximo 10 de junio se puede visitar la exposición Dickens and London. La BBC ha producido la nueva adaptación cinematográfica de Grandes esperanzas, el libro favorito de los ingleses según The Guardian, dirigida por Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral) e interpretada por Helena Bonham Carter y Ralph Fiennes. Las aplicaciones para iPghone e iPad no se quedan a la zaga y también se han apuntado a la celebración dickensiana. Tecnología y mercado mandan. Hace unas semanas se presentó Dark London, un recorrido por los bajos fondos londinenses que tan magistralmente describió Dickens en sus libros.




Sumándose al año Dickens han aparecido en nuestro país nuevas ediciones en bolsillo de Los documentos póstumos del Club Pickwick y David Copperfield, ambas novelas publicadas en Austral. Alba Editorial, por su parte, ha reeditado La pequeña Dorrit y Espasa, Nuestro amigo común y Cuentos de Navidad.

Y hasta aquí la agenda conmemorativa. Pasamos a la reflexión. La verdad es que se está hablando mucho del Dickens literario, pero muy poco del Dickens social, más con la coyuntura que nos ocupa y que hace que estén de rabiosa actualidad varios argumentos de sus novelas. Celebramos el año Dickens en medio de una de las crisis económicas más duras y complejas que conocemos. Coincidencias de la vida. Como nosotros, Dickens vivió una época de profundas transformaciones sociales resultado doloroso e injusto del capitalismo y la industrialización que se cebaron en las clases más desfavorecidas ¿Hay diferencias con la actualidad? Sinceramente pienso que no. En el fondo son épocas parejas. Pero continuemos.

Si no se comenta el Dickens social, menos se habla de un coetáneo suyo, gran admirador de sus novelas. Un pensador que inspirándose en la misma sociedad y en su estructura de clases fue capaz de componer uno de los tratados sobre la historia del pensamiento económico más revolucionarios de la historia de la Humanidad, sentando las bases para acabar con la desigualdad y la injusticia. Me refiero a Karl Marx. Amigos, aún hoy hablar de Marx levanta ampollas incluso en la izquierda. ¡Qué mundo!

El autor de El Capital y Dickens vivieron el mismo Londres y reflexionaron sobre la misma sociedad buscando soluciones cada uno a su manera. Marx se instaló en Londres en 1849, el mismo año que el novelista publicó David Copperfield. Los años de gestación de El Capital fueron los mismos de Tiempos difíciles, La pequeña Dorrit o Grandes Esperanzas. El primer libro de El Capital se empezó a publicar en 1867, a la vez que El guardavía dickensiano.

Marx y Dickens tienen mucho en común, más de lo que pensamos, tanto en el continente y como en el contenido. Como dijo George Bernard Shaw, las relaciones entre ambos son múltiples, aunque mientras Marx se sentía revolucionario Dickens no sabía cuál era su papel más allá de lo literario. Ambos reflexionaron sobre las diferencias sociales y lanzaron desde diferentes perspectivas sus críticas al sistema capitalista en unos tiempos decimonónicos convulsos y difíciles. Y cambió la interpretación del mundo. Con la crisis actual, los recortes y dramas sociales que vivimos, con este neocapitalismo salvaje que nos envuelve, a falta de nuevas voces que nos expliquen lo que pasa, Marx y Dickens siguen estando vigentes, se empeñe quién se empeñe en ver lo contrario. Ampliemos la dimensión dickensiana, por favor. Tomemos conciencia de lo que pasa y corrijamos las desigualdades por un mundo mejor.

(Publicado en 360gradospress nº 149. http://360gradospress.com/)