viernes, 23 de noviembre de 2012

LUCIFER CIRCUS Y PILAR PEDRAZA


Desde hace años soy lector incondicional de Pilar Pedraza, sin duda una de las escritoras más inquietantes y exquisitas del panorama literario español. Profesora de Historia del Arte en la Universidad de Valencia, es autora de una serie de ensayos sobre imágenes de lo femenino en la cultura –La bella, enigma y pesadilla; Máquinas de amar: secretos del cuerpo artificial; Espectra. Descenso a las criptas de la literatura y el arte; Venus barbuda y el eslabón perdido-, además de las traducciones del enigmático El sueño de Polifilo, de Francesco Colonna (1499), y los Emblemas de Alciato (1531), así como su estupendo Barroco efímero en Valencia, un estudio pionero sobre la fiesta barroca publicado en un ya lejano 1982.

Parte de sus inquietudes como historiadora se plasman en sus novelas. Éstas la han convertido en una auténtica escritora de culto para los lectores de literatura gótica y de terror. Pero más allá de los cánones del género, que los sigue, Pilar Pedraza establece una interesante interrelación entre la ficción y la realidad, entre la historia trasgredida y el relato ficcionado. Así pasaba en su primera novela Las joyas de la serpiente, en la que los emblemas y enigmas de los estudiantes en la Valencia del Renacimiento adquirían el papel protagónico en una ficción delirante cargada de poesía, y así ocurre también con las mujeres pilosas que actualmente tanto le interesan como historiadora y novelista, a las que no sólo les dedica el ensayo Venus barbuda, sino que las convierte en protagonistas absolutas de sus dos últimas novelas, El síndrome de Ambrás y Lucifer Circus. Esta última obra, publicada hace tan sólo unos meses, se basa en la relación entre la pilosa Krao, una niña birmana, y el empresario aventurero William Leonard Hunt, El gran Farini, que la trajo a Europa a principios del siglo XX. De esta forma, convierte a Krao en Ma Tara Kué y a Farini en el empresario cirquense catalán Roger de Montbrió, el Gran Dinápoli, para ofrecer una aventura deslumbrante poblada de personajes delirantes en una variopinta mezcla de terror, misterio y humor, que también lo hay, que va desde Java a los deslumbrantes ambientes ocultistas del París de la Belle Époque o del Londres victoriano. Un empeño que sólo se puede abordar con brío si se posee una portentosa cultura, un gran ingenio argumental, una inclinación a la poesía y gran dominio léxico, cualidades que Pilar Pedraza posee en abundancia y que la han convertido en una rara avis de la novelística española actual. Su precisión a la hora de adjetivar, su elección de sustantivos hacen que desarrolle un estilo propio y personal capaz de componer unos textos de gran expresividad, como pocas veces se disfrutan por estos lares.

Tal vez Lucifer Circus no esté entre sus novelas más logradas – personalmente prefiero Las joyas de la serpiente, La fase del rubí o La perra de Alejandría-, pero es una buena introducción al poético universo pedraciano. Una lectura recomendable y una autora imprescindible, desgraciadamente no siempre reconocida. Resulta curioso como se le obvia en Valencia, sólo por poner un ejemplo. ¿Será porque fue Consellera de Cultura en la etapa socialista, escribe en castellano, además literatura gótica y de terror, publica en editoriales nacionales muy selectas, es muy discreta y no frecuenta ningún círculo ni se le deja ver en saraos de ningún tipo? Lo curioso es que ante este silencio provinciano, revistas nacionales de filosofía como Claves de razón práctica le dedican artículos. Como reza el emblema XXXIV de Alciato, resiste y abstente.

jueves, 22 de noviembre de 2012

ESCUCHEMOS LA MÚSICA


El pasado 19 de octubre comenzó el abono Otoño 2012 del Palau de la Música de Valencia con un concierto de la Orquesta de Valencia (OV), tras haber anulado la soprano Isabel Rey su recital por enfermedad. Un inicio brillante y novedoso, valga la dualidad, al elegirse dos obras del siglo XX. Una de ellas, Concierto fantasía para dos timbaleros y orquesta de Phillip Glass, era estreno en España. Una obra única en la que este instrumento es tratado como solista y en la que disfrutamos con Javier Eguillor junto a su maestro, el francés Julien Bourgeois. Una semana más tarde la OV volvió a revalidar el éxito, esta vez con la Sinfonía en tres movimientos de Igor Stravinski, unas canciones orquestadas de Franz Schubert para las que se contó con la mezzosoprano austriaca Angelika Kirchschlager, y la Sinfonía nº 40 de Mozart. Ambos conciertos estuvo Yaron Traub, director titular, en el podio. Brilló Stravinski. La OV interpretará esta temporada varias obras más del compositor ruso con motivo del centenario del estreno de La Consagración de la Primavera.


Este buen inicio de la temporada en el Palau de la Música es una muestra evidente del buen momento artístico que vive la OV, protagonista indiscutible del abono de otoño con siete conciertos de un total de nueve. La formación valenciana interpretará en las próximas semanas obras de Copland, Bernstein, Villalobos, Rimski-Korsakov, Shostakóvich, Strauss o Debussy, entre otros, y acompañará a la mezzosoprano Waltraud Meier y a la contralto Nathalie Stutzman, que a su vez dirigirá la orquesta. El abono se completará con la visita de New London Consort con The Fairy Queen de Henry Purcell y el Ensemble Matheus con El Mesías haendeliano.


Lejos de la vanagloria, de la que soy poco amigo, he de reconocer que la temporada de conciertos del Palau se afronta con optimismo y honestidad. No me gusta el término modestia cuando mandan las estrecheces económicas. No utilicemos eufemismos. Al pan pan y al vino vino. Esto es lo que hay. La dirección ha confeccionado el mejor cesto posible con los mejores mimbres que dispone, y estos son los de casa; es decir, la OV. Pragmatismo sin estar reñido con la calidad artística. La OV ha demostrado con creces valía a lo largo de su larga trayectoria y, además, actualmente vive un dulce momento. Desgraciadamente nos acordamos poco de ella. El problema es que somos poco dados a valorar lo de casa, un vicio provinciano que descansa en el vacío. Una pose sin fundamento que impide racionalizar ¿Por qué se ha denostado tantas veces a la OV y se ha ensalzado a grandes orquestas foráneas con una pésima calidad artística sólo por el mero hecho de ser de fuera? Cosas de la estulticia, y no propiamente erasmiana. Ya sabéis aquello del cuento del traje nuevo del emperador, todos lo glosaban cuando en realidad iba desnudo. En música pasa un poco lo mismo. No se escucha. Se está en la sala físicamente, se asiste a la actuación de tal o cual orquesta, de tal o cual solista, pero no se escucha la música. Así, se alaba por referencia y a destiempo la interpretación cuando la desnudez es evidente. Esto mismo pasa en pintura o en literatura. Ni se ve ni se lee ¿Cuántos se ponen delante de un cuadro, lo alaban, pero no ven nada? ¿Cuántos hablan con vehemencia de libros de los que sólo han leído las solapas?


Hay que escuchar a la OV. Disfrutemos con ella. Racionalicemos. Esto nos vale también para otras muchas formaciones locales a las que ni siquiera hacemos caso. Cambiemos la actitud y crezcamos en valores, no en marketing. Pero sobre todo escuchemos la música. En estos tiempos de desanimo que corren, hace falta volver al arte para separarse de la realidad mundana y, como diría Goethe, elevar el espíritu. La OV nos lo brinda. Digo.