domingo, 26 de enero de 2014

ANALFABETISMO CONSTITUCIONAL

Hace unos días asistí en la Llibreria La Moixeranga, en Paiporta, a la presentación de la novela de Víctor J. Maicas Mario y el reflejo de la luz sobre la oscuridad, recientemente publicada por VdeB. La novela está ambientada durante los meses de mayo y junio de 2011 y hace una llamada a la reflexión sobre la situación  social y política que vivimos en nuestro país. Tras la presentación se estableció un animado debate entre los asistentes.  Se habló de la crisis, la corrupción y el compromiso de los ciudadanos. Yo insté a que tomáramos conciencia y nos comportásemos como ciudadanos responsables. Sin ánimo de ser capcioso pregunté a las personas que me acompañaban  si habían leído la Constitución. Ni uno solo afirmó haberla leído. Desgraciadamente no me sorprendí. 

Somos capaces de discutir apasionadamente sobre nuestro país y desconocemos el significado y el alcance de nuestra Carta Magna, lo que nos aboca a permitir que se vulnere diaria y constantemente. El "hombre masa" de Ortega y Gasset campa a sus anchas. Si todos los  ciudadanos conocieran la Constitución y fueran conscientes de lo que allí se recoge, otro gallo le cantaría al gobierno, a la monarquía, a la Iglesia católica  o al poder judicial, y sólo por poner unos ejemplos. No es que la Constitución de 1978 sea la panacea de todo, pero es el marco en el que nos movemos. Sólo con respetarla nos evitaríamos escuchar las tonterías que largan algunos políticos  y contertulios camorristas en aras de una inconstitucionalidad sin ni siquiera saber cual es el marco de la constitucionalidad. 

Animo a leer la Constitución y a ser ciudadanos comprometidos en el respeto de nuestros derechos y libertades. Tenemos un marco constitucional suficiente para no consentir a Perico de los Palotes, por muy salido de las urnas que sea, que se pase por el forro todo lo que le dé la gana.  Lo digo en un sentido amplio y figurado para todos los poderes de este país. Qué ningún analfabeto constitucional me confunda y crea que lo digo por Artur Mas. Si el que piensa esto conociera la constitución, sabría que hasta ahora el señor Mas no se ha salido ni un milímetro del marco constitucional vigente. La asignatura de Educación para la Ciudadanía,  que se aprestó a suprimir el PP, hablaba de eso: de conocer nuestros derechos y libertades,  y no de como utilizar lo que tenemos entre las piernas, al menos de la manera obscena y enfermiza que pueden llegar a imaginar las mentes turbias de quiénes instaron a eliminarla. Nadie, por mucho que se lo crea,  está más allá del bien y del mal moral. Nadie.

domingo, 12 de enero de 2014

LA SOCIEDAD DEL ANSIOLÍTICO

Empezamos el año con múltiples frentes. Al caso Gürtel, al caso Blesa y los ERE de Andalucía -solo por citar unos cuantos- se han sumado la imputación de la Infanta, el futuro de la Monarquía con un rey decrépito, la polémica ley Gallardón sobre el aborto, el independentismo catalán y el caso vasco con motivo de la excarcelación de los presos de ETA tras la anulación de la doctrina Parot. ¡Qué poco se habla ya de los desahucios, del paro, de los jóvenes que emigran, de la pobreza en la viven miles de familias, de los recortes! Es como si nos hubiéramos acostumbrado a todo esto porque nos ha hecho efecto el sedante.

Vivimos en una sociedad del espectáculo, en cuyo circo mediático se escucha de todo, pero sobre todo a voceros que pontifican con estupideces varias. Declaraciones estúpidas que crean alarma social con finalidad partidista para posicionar al votante en las  próximas elecciones, aunque parece que esta estrategia no le está siendo muy favorable al PP en cuando a su intención de arrimar el voto a su sardina. ¡Viva el entretenimiento! Nos hemos acostumbrado al guirigay, al insulto catódico, a la opinión sin tener pajotera idea. La necedad campa a sus anchas, y no la Campanario. Las formas del gallinero televisivo de la prensa rosa han saltado a la información política. Se utiliza la misma  vehemencia para hablar de Jesulín de Ubrique que de la doctrina Parot, por ejemplo. A veces hasta conviven en un mismo escenario. Paradojas o que, con perdón, se la suda al respetable.  

¿Por qué nadie habla del triunfo del Estado de Derecho? ¿Por qué nadie habla de la vulneración  de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Por qué nadie habla del derecho de los pueblos a decidir sobre su propio futuro? ¿Por qué nadie habla de Democracia? ¿Por qué nadie habla de ciudadanía? Tal vez porque nadie se preocupa en analizar, en informarse e informar, en reflexionar, en explicarse y explicar. Nos da más gusto la emoción descontrolada por encima todo y de todos. Preferimos ser adictos al Diazepán para quitarnos la ansiedad que actuar para resolver el problema. Vivimos el triunfo del ansiolítico en la sociedad del espectáculo para no pensar y que lo arregle el tiempo como sea, aunque nos muramos. Falacias de esclerótico en aras de la pasividad. Hemos creado y vivimos en la "sociedad del ansiolítico". Acuño el término, pero abogo e insto ser ciudadanos. Por favor.