martes, 11 de diciembre de 2012

NO TODO EN EL POP ART FUE EL BOTE DE LA SOPA CAMPBELL's


Equipo Realidad. Entierro del estudiante Orgaz (1965-66)

A veces creemos que las casualidades son intencionadas, pero no es así. Las circunstancias, el tiempo y la memoria se alían para hacernos creer que lo casual es premeditado, o viceversa, que todo puede ser, aunque en realidad no deja de ser una ilusión que obra en el interior de nosotros mismos.


El juego del azar ha hecho coincidir en Valencia las exposiciones del Equipo Realidad, Antoni Miró y Juan Genovés, todos ellos artistas que, en los años setenta y ochenta del pasado siglo¸ utilizaron la pintura como un elemento de crítica social capaz de expresar su compromiso político y su lucha contra el franquismo y las desigualdades sociales. Mientras una coincidencia fortuita ha hecho que estas exposiciones copen gran parte del espacio expositivo público valenciano en medio de una desaforada crisis económica como la que vivimos, el tiempo y la memoria nos han hecho comprobar que muchas de las temáticas que aparecen en estos cuadros siguen estando vigentes. Paralelismos de la realidad o el tiempo cíclico. Ojalá el contemplar estas pinturas tuviera un efecto espejo para el espectador y le invitara a la toma de conciencia, como ocurrió hace cuatro décadas. Ello nos llevaría a reflexionar sobre el compromiso social del artista, el diálogo entre la obra y el espectador, la interacción, o el arte como arma política para cambiar la sociedad.


El artista es hijo de su tiempo y debe reaccionar ante él. Es algo obvio. Tiene un compromiso ético, una ética de la responsabilidad frente a la sociedad y su entorno, aunque gran parte de los artistas actuales prefieren ignorarla. Vivimos inmersos en una corriente de pensamiento blando en el que, exceptuando honrosas excepciones, se prefiere el lamento a la acción, el sueño al objetivo, el anhelo escatológico del más allá a la posibilidad de cambiar el mundo en el más acá. Opciones libres, comodidad o pensamiento neutralizado, que de todo hay. Y que conste que no trato de hacer un alarde de alharacas de librepensador comprometido ni de ñoño utópico nostálgico próximo al abuelo Cebolleta. Nada de eso. No hace falta tener muchas luces para descubrir que son muy pocos los artistas españoles comprometidos con su aquí y ahora dispuestos a utilizar las disciplinas artísticas, ya sea desde lo formal o desde el contenido, como un medio activo para cambiar el mundo.


El Equipo Realidad lo intentó en su momento y marcó una época de la pintura valenciana de la segunda mitad del siglo XX. Prueba evidente de ello es la exposición que podemos ver hasta finales de enero en La Nau. Integrado por Jordi Ballester y Joan Cardells, y adscrito a la corriente valenciana de la Crónica de la Realidad, creada por Vicente Aguilera Cerni e impulsada por Tomás Llorens y el movimiento Estampa Popular, este colectivo se adentró en los terrenos del realismo crítico que surgió en nuestro país en la década de los sesenta para reaccionar contra el informalismo e introducir la nueva figuración francesa y el Pop Art.


Atraídos por la imagen de la realidad, no por la realidad en sí, y partiendo de las imágenes de la cultura de masas y de la imagen fotográfica de lo cotidiano, el Equipo Realidad desarrolló una pintura de fuerte carga satírica que denunciaba, y aún denuncia, la guerra, la intolerancia, el totalitarismo, la función del arte, el consumismo o el modelo pequeño-burgués. Para este colectivo la pintura fue crítica social y compromiso político. Un vehículo para mostrar la distancia entre la España real y la España oficial del franquismo a través de sus imágenes. Creyeron que el arte era un agente del cambio social que podía transformar la estructura político-social. Este fue el pensamiento, la realidad fue otra. Pero lo intentaron y mientras desarrollaron su pintura estuvieron convencidos de sus anhelos.


La exposición de La Nau hace un repaso de las dos etapas del colectivo durante sus diez años de existencia, desde 1966 a 1976. De la primera etapa, centrada en la crítica de la sociedad burguesa con gran influencia del pop art, podemos contemplar obras como Entierro del estudiante Orgaz, Divina proporción, El palco, Il matrimonio; de la segunda época, centrada en ciclos temáticos muy reflexivos sobre el arte, el retrato, la guerra, el franquismo, podemos disfrutar de algunos cuadros memorables de las series Retrato del retrato de un retrato de…, Hazañas bélicas o Cuadros de Historia, esta última con obras sobre la Guerra Civil Española y el impresionante Recepción oficial, que cierra la exposición y pone punto y final a la trayectoria del Equipo Realidad.


Y por aquello de cerrar con más casualidades, resulta curioso que las exposiciones del Equipo Realidad, Antoni Miró y Juan Genovés estén coincidiendo en Valencia con otras muestras de artistas coetáneos como Andy Warhol y Manolo Valdés, también seguidores del pop art. Es como si el azar hubiese convertido a la ciudad en la capital del pop art. Una buena ocasión para comprobar que en este movimiento no todo fue el bote de sopa Campbell's. Digo.





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