martes, 11 de septiembre de 2012

PROTEGER LA IGNORANCIA

Hans Holbein. Retrato del mercader Gisze (1532)

Comienza septiembre. Un septiembre tórrido y no por las temperaturas que afortunadamente empiezan a bajar, sino por el clima político y social que se vive con esta maldita crisis. Qué si el gobierno rescata a las Comunidades Autónomas, qué si nos rescata Europa, qué si nos ponen condiciones draconianas para poder optar al dinero europeo, qué si sí y qué si no. Mientras aquí destruimos empleo a cañonazos, convertimos el desahucio en algo cotidiano, sacamos de apuros a los bancos, mutamos las deudas privadas en públicas, negamos la asistencia sanitaria a los emigrantes, implantamos el copago en las farmacias, aumentamos la ratio en las aulas, nos cargamos todo lo que suena a público, vemos como los jóvenes más preparados se marchan a trabajar al extranjero y dejamos sin paga de Navidad a los funcionarios… Un interminable suma y sigue al que se le añade ahora la subida del IVA para menguarnos todavía más nuestro escuálido bolsillo. Es lo que hay en esta España del “tupper”, como dice Joaquín Estefanía, con los múltiples significados de esta última palabra, incluyendo los que se pueden derivar al poner las dos “p” en mayúscula.

Desde el pasado 1 de septiembre se está aplicando la nueva tasa del impuesto del valor añadido y, como era de esperar, su efecto ya ha empezado a notarse. No hacía falta ser la Bruja Lola para predecirlo. Un hecho lamentable, sobre todo ahora que el consumo es tan necesario para activar la política del país. Pero el gobierno teme más a Frau Merkel que al huracán Katrina. Me molesta mucho que la moral la marque el Norte de Europa. Llevamos siglos con la cancioncita luterana del Sur derrochador y el Norte austero. Pero la austeridad que nos exige la hija del pastor luterano de Quitzow, y eso que estuvo afiliada a las juventudes comunistas de la RDA, tiene poco que ver con la pobreza apostólica. Su intención es asegurar el pago a los bancos alemanes que invirtieron en el ladrillo español cuando aquí atábamos los perros con longanizas y dábamos unos dividendos de vértigo. La canciller alemana quiere asegurar a toda costa el cobro de sus bancos y apreta el cuello a todo aquel que se le ponga por delante. De políticas de crecimiento, ¡nicht!.

¿Cuánto tiempo tenemos que esperar todavía para que aparezca un nuevo Keynes y se le haga caso? Necesitamos urgentemente un mesías socioeconómico, más ahora que, como indicaba Manuel Castell en un estupendo artículo publicado en La Vanguardia, los recortes se mundializan y el desmoronamiento de la sociedad del bienestar se universaliza para dar paso a la cultura del malestar.

La industria cultural es sin duda una de las que más va a sufrir con la subida del IVA. Con una tasa del 21% se coloca 11 puntos por encima de la media de la eurozona y 14 de la que se aplica actualmente en Alemania. Según la Unión de Asociaciones de la Industria Cultural Española se perderán 43 millones de espectadores y cerrarán el 20% de las empresas. Encima la subida hará que Hacienda no recaude lo que pensaba. Así lo indica un estudio de Pricewaterhouse encargado por los productores y exhibidores cinematográficos. Los primeros efectos ya se han dejado sentir: se ha cancelado parte de la gira por diferentes ciudades españolas del musical My Fair Lady a causa de la subida del IVA. Si no damos marcha atrás, nos va a pasar como en Letonia, Holanda, Hungría o Portugal, países en los que se aprobaron fuertes subidas del IVA cultural y que se vieron obligados a revocarlas por el impacto negativo que tuvieron en los ingresos y el empleo. De momento, Mariano Rajoy esconde la cabeza debajo del ala y no atiende a los representantes del sector que le han pedido una moratoria.

Pero la consecuencia más dramática ocasionada por la subida del IVA cultural es que impide a los ciudadanos el acceso a la cultura. Tener o no cultura, poder ir o no a un concierto, al cine o al teatro será a partir de ahora una cuestión de poder adquisitivo. Una cosa más que añadir a los recortes en educación y sanidad. Se acabó la cultura para todos. La situación económica ha venido como anillo al dedo para cargarse la cultura y todo lo que implica pluralismo. Nada de gastos que aviven la mente, que luego la gente piensa y vienen los problemas. Hay que proteger la ignorancia. Esto es lo verdaderamente importante. ¿Estaremos viviendo en el país de Fahrenheit 451 y no nos habremos enterado? Podría ser.

Publicado el 7 septiembre 2012 en www.360gradospress.com



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